Renoir, obras maestras de los museos de Orsay y de la Orangerie

Pierre-Auguste Renoir 
 (1841-1919)
 La balançoire [El columpio]
 1876
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 92; Anch. 73 cm.
 París, museo de Orsay, legado de Gustave Caillebotte, 1893
Pierre-Auguste RenoirEl columpio© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
"El inconveniente de Italia, […], es que es demasiado bello", declaraba Pierre-Auguste Renoir, no sin un cierto afán por la paradoja, en el ocaso de su vida. El artista solo realizó una estancia en este país, a lo largo del invierno de 1881-1882. Durante algo menos de cuatro meses, visita Venecia, Florencia tal vez, Roma, Nápoles, Calabria, Capri y Palermo. Este viaje, que él mismo cualificó como siendo una "fecha relevante en [su] evolución", le proporcionó amplios descubrimientos estéticos, que respaldan intuiciones ya existentes y admiraciones pasadas, a la vez que representa un punto de inflexión y que nutre su arte de forma duradera: "Siempre volvemos a nuestros primeros amores, pero con una nota más", resumió.
Aunque Italia y su arte ocupen un lugar determinante en la carrera de Renoir, la pintura de este último prácticamente no se puede ver en la península. Así mismo, esta exposición constituye, para el público transalpino, una rara oportunidad de poder admirar cerca de sesenta pinturas de Renoir, procedentes de las colecciones de los museos de Orsay y de la Orangerie.

Auguste RenoirClaude Renoir en clown © RMN-Grand Palais (Musée de l'Orangerie) / Franck Raux
La selección propuesta en Turín pretende abarcar el recorrido del maestro del impresionismo cuya carrera comienza a mitades de la década de 1860, época de los inicios en París y del encuentro con Monet, Bazille, Cézanne, Degas, Pissarro y Manet. A lo largo de la década de 1870, entrega algunos de los más famosos y logrados instantáneos de la vida moderna, mediante sus retratos, sus escenas de ocio o sus paisajes de luminoso aire libre.
A partir de la década de 1880, se orienta hacia temas más atemporales, anunciando las investigaciones que prosigue hasta su muerte, en 1919. Durante este último periodo, dominado por las figuras de desnudos femeninos, su estilo evoluciona nutriéndose de referencias al arte clásico, lo que contribuye a hacer del impresionismo un "arte sólido y duradero como el de los museos", según la acertada expresión de Cézanne.

Las obras maestras reunidas demuestran así mismo, más allá de la expresión convencional de pintor de la felicidad con la que se le etiqueta con demasiada frecuencia, que Renoir fue un artista siempre en reto, en perpetua búsqueda de renovación, a la vez impresionista trastornando las reglas de la representación y amante de la bella tradición.

 

Comisariado

Sylvie Patry, conservadora jefe en el museo de Orsay
Riccardo Passoni, director adjunto de la Galleria Civica d'arte moderna e contemporanea di Torino

23 octubre 2013 - 23 febrero 2014

Turín, Galleria Civica d'arte moderna e contemporanea


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