En medio de los visitantes que van y vienen, durante la Noche, por la nave del museo de Orsay, y bajo el gran reloj de la antigua estación, siete bailarines de la compañía Myriam Gourfink trazan un recorrido autónomo, un lento surco exterior e interior, que deja una huella física y simbólica, en el espacio que atraviesan.
Sobre el hilo de una línea recta, frágil e imaginaria, la trayectoria que dibujan sus cuerpos invita a los visitantes a utilizar otras vías hacia la comprensión de las obras, así como Fernand Cormon, Claude Monet, Auguste Rodin, Antoine Bourdelle, Piet Mondrian ofrecen a la mirada del espectador un camino bíblico, bucólico, heroico o invisible.
La coreografía de Myriam Gourfink tiene una forma única de profundizar en el tiempo y la materia del movimiento. Logra dar vida juntos a bailarines, pintores, escultores que une en un gesto, en un soplo, en un diálogo inédito, y un único movimiento sin fin: el de la creación.




