Paul Cézanne
El Cristo en el limbo

El Cristo en el limbo
Paul Cézanne (1839-1906)
El Cristo en el limbo
Hacia 1867
Óleo sobre lienzo
Alt. 170; Anch. 97 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski


La Magdalena

Le Christ aux limbes [El Cristo en el limbo]


En esta casa de familia del Jas de Bouffan, a proximidad de Aix-en-Provence, Cézanne se ha ensayado a la decoración mural, durante los años 1860. Un año tras la muerte del artista, el nuevo propietario hace trasponer sobre el lienzo algunos decorados, pensando ofrecerlos al Estado. Desgraciadamente el museo del Luxemburgo rechaza esta donación. Los diferentes elementos pintados por Cézanne fueron de este modo progresivamente dispersados.

Como lo demuestran documentos de la época, el fragmento que constituye este Cristo en el limbo se integraba en una composición más amplia. Otra obra conservada en el museo de Orsay, La Magdalena, también formaba parte de ésta, a pesar de que ninguna razón plástica haya prevalecido para este acercamiento y que la diferencia de escala entre ambas figuras pueda sorprender. Reunidos en el museo Orsay, ambos fragmentos permiten mejorar la lectura de los temas desarrollados por el artista. Éstos hacen eco con sus creencias, mezcla de cultura religiosa tradicional y de tradiciones provenzales. En efecto, la importante plaza reservada a María Magdalena recuerda que, según una leyenda medieval, hubiera acudido para acabar sus días al pie del macizo de la Sainte-Baume, cerca de la montaña Sainte-Victoire. Se encuentra junto a la escena que evoca, entre muerte y resurrección, el descenso de Cristo al limbo, estancia de las almas de los Justos en el Antiguo Testamento antes de la Redención. De hecho, los personajes del ángulo inferior izquierdo evocan probablemente a Adán y Eva.

Notable testimonio de la manera precoz del artista, esta obra interpreta un grabado procedente de una obra de Sebastiano del Piombo (Madrid, museo del Prado). El tenebrismo de Sebastiano del Piombo, está llevado hasta sus extremos por Cézanne. Los colores, voluntariamente restringidos, están dominados por el rojo, el azul y un blanco aplicado con amplias pinceladas. Aparecen mediante vigorosos empastes que interceptan la luz, hacen vibrar el manto pictórico y se destacan con violencia del fondo negro. Esta escena pintada revela la voluntad de Cézanne de elaborar un estilo dramático personal, siempre inspirado por el ejemplo de sus predecesores.


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