Exposition au musée

Crimen y Castigo

Del 16 Marzo al 27 Junio 2010
Théodore Géricault
Etude de pieds et de mains, 1818-1819
Montpellier, Musée Fabre
© Musée Fabre de Montpellier Agglomération ?R cliché Frédéric Jaulmes" / DR
Pierre-Paul Prud'hon-La justice et la vengeance divine poursuivant le crime
Pierre-Paul Prud'hon
La justice et la vengeance divine poursuivant le crime, 1815-1818
Saint-Omer, musée de l'hôtel Sandelin
© RMN-Grand Palais / Daniel Arnaudet

No matarás
"Pero qué es la ejecución capital, sino el más premeditado de los asesinatos que no puede ser comparado con ninguna fechoría criminal, por muy calculada que sea". Albert Camus
El primer criminal de la historia de la Humanidad, Caín, lleva en él su propio castigo: la culpabilidad. Esta es tanto el fruto de su remordimiento como el del juicio implacable de Dios, cuyo sexto mandamiento ordena "No matarás".
Caín es un fratricida. Abre el camino a crímenes y asesinatos de toda índole, parricidios, infanticidios, regicidios, genocidios. Porque el mal, introducido en el Edén por sus padres, está en cada hombre.
Eterno castigado y fugitivo, Caín plantea, más allá de la cuestión de la culpabilidad, la del castigo. Dios no le quita la vida. Al mandamiento de Dios y a la gracia que otorga al hijo de Adán, los hombres responden sin embargo con la pena capital.

Victor Hugo-Justitia
Victor Hugo
Justitia, 1857
Paris, maison Victor Hugo
© Maisons de Victor Hugo / Roger-Viollet

1791: la muerte igualitaria
Con las Luces, la pena de muerte está muy duramente discutida. Los argumentos abolicionistas de Cesare Beccaria se trasladan a Francia, en 1791, ante la Asamblea Constituyente. En mayo y junio de 1791, Le Peletier de Saint-Fargeau aboga por su abolición, pero, aunque se prohíban las torturas, se mantiene la pena de muerte.
En marzo de 1792, se decide que las ejecuciones se harán por decapitación y que la guillotina, juzgada más segura y menos cruel para el condenado, será la herramienta del suplicio.

Anonyme-Le Peletier de Saint Fargeau sur son lit de mort
Anonyme
Le Peletier de Saint Fargeau sur son lit de mort, vers 1825-1835
Musée de la Révolution Française
© Musée Carnavalet / Roger-Viollet

1793: Le Peletier de Saint-Fargeau
El 20 de enero de 1793, tras haber dudado, Le Peletier vota la muerte del rey Luís XVI. Fue asesinado esa misma noche, convirtiéndose en "el primer mártir de la Revolución".
El Terror reina en Francia y las ejecuciones causan estragos. Su número, la violencia del suplicio que separa la cabeza (¿Conserva ésta su conciencia?) del cuerpo (¿Conserva éste una capacidad de acción?), fascinan a los artistas. Como así lo cuenta Alexandre Dumas: "He visto criminales decapitados por el verdugo levantarse sin cabeza de la silla en la que se encontraban sentados, e irse tambaleando, para caer a diez pasos de allí".

Jean-Joseph Weerts-Marat assassiné ! 13 juillet 1793, 8h du soir
Jean-Joseph Weerts
Marat assassiné ! 13 juillet 1793, 8h du soir, 1880
Roubaix, La piscine, musée d'art et d'industrie
© Photographie Arnaud Loubry

1793: el asesinato de Marat
En pleno Terror, el 13 de julio de 1793, Charlotte Corday apuñala al "Convencional", al Amigo del pueblo, Marat. Mártir de la Revolución, su muerte fue escenificada por David que inventa un modelo nuevo y revolucionario, aún inspirándose de los códigos religiosos.
La personalidad de Charlotte Corday, también apasiona: bellaca criminal para los Revolucionarios, es una nueva Juana de Arco para los monárquicos o una mujer atenazada por la influencia de su estado de ánimos.
En el siglo XX, su mito perdura y es la criatura que amenaza y mata al hombre, que invierte los papeles de mártir y de verdugo.

Théodore Géricault-Les assassins portent le corps de Fualdès vers l'Aveyron
Théodore Géricault
Les assassins portent le corps de Fualdès vers l'Aveyron, vers 1818
Paris, Musée des Beaux-Arts
© RMN-Grand Palais / Jacques Quecq d'Henripret

1817: el caso Fualdès
Con los dibujos que realiza en torno al asesinato de Fualdès (un ex diputado por el Aveyron, sórdidamente degollado en Rodez, el 19 de marzo de 1817), Géricault intenta alzar un suceso a la escala de la historia.
El crimen, la víctima, los asesinos le parecen, durante un tiempo, ser del ámbito épico. La atracción por la expresión de las negras pasiones humanas no llega a ser, sin embargo, un cuadro de Salón. El pintor se da cuenta que no inventa nada mejor que los ilustradores de prensa que cubren el caso, que no existe ninguna grandeza en esta innoble ejecución.

Francisco de Goya-Cannibales préparant leurs victimes
Francisco de Goya
Cannibales préparant leurs victimes, vers 1800-1808
Besançon, musée des Beaux-Arts
© RMN-Grand Palais / Agence Bulloz

Figuras del crimen romántico
El periodo romántico atribuye importancia a los bandidos, a las brujas, a las mujeres fatales que encarnan, ya sea una forma de la sociedad fuera de la sociedad, regida por códigos particulares (honor, venganza...), o pasiones irracionales e incontrolables.
El Español Goya, que observó la sangrienta ocupación de su país por las tropas imperiales francesas, entrega, en sus cuadros y en sus grabados, las diferentes dimensiones de estas figuras.
El carácter a su vez picaresco y apológico de las aventuras de Fray Pedro, vuelca en el horror y lo sublime, con sus escenas de bandidos. Sus grabados Los Caprichos e Invenciones e y sus cortejos de brujas y de visiones maléficas alimentan de Redon a Kubin, pasando por Schwabe y Klinger, toda una visión negra del arte.

Hugues Fourau-Tête décapitée de Fieschi
Hugues Fourau
Tête décapitée de Fieschi, 1836
Orléans, musée des Beaux-Arts
© Musée des Beaux-arts d'Orléans, cliché François Lauginie

El rostro del criminal
Giuseppe Fieschi fue ejecutado en 1836, por un intento de regicidio en la persona de Luís Felipe. Su cabeza fue pintada y moldeada, siguiendo una costumbre documental muy en boga en toda Europa. Los expertos en frenología y en fisiognomía, discípulos de Gall y de Lavater, la estudiaron en busca, en la forma de su cráneo y en los rasgos de su rostro, de los signos de su pulsión criminal.
Preocupado por distinguir a los criminales de los locos (no responsables de sus actos), el doctor Georget solicitó a Géricault que hiciera el retrato de locos monomaníacos. El pintor capta toda su ambigüedad. Su humanidad está tremendamente presente, pero sus miradas, huidizas, rechazan cualquier intercambio.

Henri Meyer, François-Louis Méaulle-Le drame des Ternes, Supplément illustré du Petit Journal
François-Louis Méaulle Henri Meyer
Le drame des Ternes, Supplément illustré du Petit Journal, 1892
Paris, MuCEM, Musée des Civilisations de l'Europe et de la Méditerranée
© MuCEM dist. RMN-Grand Palais / image MuCEM

1880-1920: Periódicos y apaches (apodo de las bandas de gamberros en el París de la Belle Epoque)
La llegada de la prensa de gran tirada, incluido Le petit Journal lanzado en 1866, su ejemplo más famoso, otorga una audiencia considerable a todos los crímenes y sucesos, que hasta la fecha se evocaban en finos folios propagados de forma ambulante por toda Francia. Fomentando las más bajas pasiones de sus lectores, a golpe de relatos y de ilustraciones espectaculares, esta prensa difunde, como lo escribe Balzac, "novelas mucho mejor hechas que las de Walter Scott, que tienen un desenlace terrible, con verdadera sangre y no con tinta". Esta es a su vez denunciada y justificada.
Cuando crea Détective, en 1928, Joseph Kessel declara: "El crimen existe, es una realidad, y para defenderse de ello, más vale la información que el silencio". Los códigos de estas revistas, que mezclan relatos e imágenes, suspense, drama, precisión, crueldad, perversidad, erotismo latente... contaminan los relatos de los escritores, de sus ilustradores como Rops, y de artistas como Klinger.
Los periódicos ilustrados también sirven para denunciar, con Daumier o Steinlen, el gran drama de esta pobre gente destrozada por un mundo despiadado.

Honoré Daumier-Le Pardon
Honoré Daumier
Le Pardon, 1865-1867
Rotterdam, Museum Boijmans Van Beuningen
© DR

La gente de justicia
Daumier también iba a presentar el mundo de la justicia. Abogados prepotentes, jueces refractarios a cualquier compasión ("Bajo el guante de seda del juez, se notan las uñas del verdugo" escribía Victor Hugo), víctimas y/o acusados perdidos, la visión del caricaturista es demoledora.

Eugène Atget-Prison du Cherche-Midi
Eugène Atget
Prison du Cherche-Midi, 1903
Paris, Ecole nationale supérieure des beaux-arts (ENSBA)
© Ecole nationale supérieure des beaux-arts, Paris

El panóptico / la colonia penal
Fue para acabar con las oscuras mazmorras donde se encarroñaban los condenados en un estado bestial o fetal, representados por Goya y Redon, que Jeremy Bentham inventa el panóptico. Un sistema arquitectónico basado en la utopía según la cual, desde un punto central cada hombre está sometido a la mirada permanente, a la vigilancia, de un único hombre.
Esta invención, que parece ser un progreso, ofrece también la perspectiva de un mundo en el que todas las acciones están controladas. A partir de 1827, el modelo de Bentham fue implementado en Francia, sin sustituir no obstante las cárceles, como Sainte-Pélagie reservada a las mujeres, donde Steinlen realiza un reportaje en dibujo y donde se amontonan 5 a 10 presas por celda.

Victor Hugo-Ecce, le pendu
Victor Hugo
Ecce, le pendu, 1854
Paris, Maison Victor Hugo
© Maisons de Victor Hugo / Roger-Viollet

La pena de muerte
Los textos, los discursos y los dibujos de Victor Hugo, ofrecen sin duda los alegatos más potentes y más apasionados, producidos por el siglo XIX, en contra de la pena de muerte.
Dirigida según un ritual que un artista como Emile Friant restituye con curiosidad y multitud de detalles, o que otros, como Toulouse-Lautrec o Félix Vallotton sintetizan con pavor, la ejecución capital y su condena se imponen en el debate artístico, hasta Warhol que, mostrando sólo la silla eléctrica, sin verdugo, sin condenado, resume el sordo horror de toda la ejecución.

Anonyme-Désiré Landru
Anonyme
Désiré Landru, 1919
Paris, Collection particulière
© DR

El crimen y la ciencia
En la época del positivismo, la ciencia se adueña de los criminales con la certidumbre que el crimen se puede explicar, el criminal adivinarse.
Benedict-Augustin Morel establece la teoría de la degeneración que cuestiona aquella del libre albedrío. Esta teoría sostiene Fisionomías de criminales y La pequeña bailarina de 14 años de Degas. Los jóvenes, como Abadie, Knobloch y Krial, al proceso de los que asiste el artista en 1880, criados en los ambientes populares y obreros de París, se convierten en asesinos. La pequeña bailarina de la ópera, de orígenes similares, es una prostituta.
Entonces se plantea la cuestión de la responsabilidad del mal. ¿Castigar o curar?
Alphonse Bertillon plantea las bases de la identificación judicial. Se trata de identificar los reincidentes mediante fotografías de frente y de perfil, de señalar las características invariables (color del iris, tatuajes...) y luego de clasificar estos datos, ya no conforme a un orden alfabético, sino según el de las mediciones físicas. La identidad corporal prevalece sobre la identidad del alma.

Walter Sickert-What shall we do for the rent ? ou Summer Afternoon
Walter Sickert
What shall we do for the rent ? ou Summer Afternoon, 1907-1909
© DR

Artistas, locos y criminales
Cesare Lombroso, enGenio y locura, publicado en 1877, señala "el parecido entre la inspiración y el acceso epiléptico".
Es en este sentido que Patricia Cornwell ha querido hacer de Walter Sickert, que pintó en distintas ocasiones a prostitutas en su habitación del barrio de Camden Town en Londres, el terrible asesino Jack the Ripper (Jack el destripador).
Tanto el asesino como el artista responden a aspiraciones inalcanzables para el común de los mortales.

René Magritte-L'assassin menacé
René Magritte
L'assassin menacé, 1927
New York, Museum of Modern Art
© ADAGP, Paris © Digital Image, the MOMA, New York/Scala, Florence

Cadáveres exquisitos
Con otros modelos, otros medios, el Surrealismo muestra la misma fascinación por el crimen y por el criminal que el Romanticismo. Violette Nozières y las hermanas Papin son heroínas, los cadáveres son exquisitos, los cuerpos están dislocados, degollados, decapitados...
Se rechaza todo aquello relativo al orden y André Breton declara: "El acto surrealista más sencillo consiste en bajar a la calle, revólveres en manos, y disparar mientras lo podemos, al azar en la muchedumbre".