Exposition au musée

Esplendores y miserias. Imágenes de la prostitución, 1850-1910

Del 22 Septiembre 2015 al 17 Enero 2016
Henri de Toulouse-Lautrec
Au Moulin Rouge, 1892-1895
The Art Institute of Chicago
Helen Birch Bartlett Memorial Collection, 1928.610
© The Art Institute of Chicago / DR

Imágenes de la prostitución

Imágenes de la prostitución

Henri de Toulouse-Lautrec-Portrait de Monsieur Delaporte au jardin de Paris
Henri de Toulouse-Lautrec
Portrait de Monsieur Delaporte au jardin de Paris, 1893
Copenhague, Ny Carlsberg Glyptotek
© Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhagen

"Pierreuses" prostitutas que ejercen clandestinamente en descampados, en las profundidades de la noche, chicas "con tarjeta" e "insumisas" que ofrecen sus servicios en el espacio público, "verseuses", que fomentan el consumo de alcohol, empleadas por las cervecerías de mujeres, pensionistas de prostíbulos, cortesanas que reciben a sus admiradores en su lujoso palacete particular... En el siglo XIX, la prostitución adopta múltiples rostros.
Este carácter proteiforme e inclasificable ha obsesionado constantemente a novelistas y poetas, dramaturgos y compositores, pintores y escultores. La mayoría de los artistas del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX han enfocado los esplendores y miserias de la prostitución, que también se convirtió en un tema predilecto para los medios incipientes, como la fotografía y posteriormente el cine.
Fue en particular en París, entre el Segundo Imperio y la Belle Epoque, que la prostitución se afirma como tema, en obras vinculadas con corrientes tan diversas como el academicismo, el naturalismo, el impresionismo, el fauvismo o el expresionismo. La ciudad se encuentra entonces en plena metamorfosis: nueva Babilonia para algunos, "Ciudad Luz" para otros, ofrece a los artistas cantidad de nuevas ubicaciones (salones de la alta sociedad, palcos de óperas, prostíbulos, cafés, bulevares...) donde observar el baile codificado de los amores tarifados. En estas representaciones, a menudo contrastadas, se mezclan a la vez escrupulosa observación e imaginación, indiscreción y objetividad, enfoque clínico y fantasías desenfrenadas. Pero, por muy singulares que sean, todos estos enfoques hacia el mundo de la prostitución son exclusivamente de artistas masculinos. Asimismo, detrás de la evocación de los placeres y de los males, de los ascensos fulgurantes y de las vidas miserables, lo que se vislumbra también es el peso de la condición femenina, en la época moderna.

Ambigüedad. Espacios públicos, chicas públicas

Ambigüedad. Espacios públicos, chicas públicas

James Tissot-La demoiselle de magasin
James Tissot
La demoiselle de magasin, 1883-1885
Toronto, Collection Art Gallery of Ontario
Copyright Art Gallery of Ontario © Art Gallery of Ontario, Toronto, Canada

En la segunda mitad del siglo XIX, mujeres honradas, prostitutas ocasionales, clandestinas o registradas oficialmente, se mezclan hasta confundirse en el espacio público. Durante las horas del día, cuando cualquier forma de prostitución explícita está proscrita, prevalece la ambigüedad. De esta confusión resalta una dificultad para definir lo que es la prostitución, determinar dónde empieza y dónde acaba.
En los ámbitos populares, las mujeres que ejercen oficios humildes (obreras, modistas, floristas, lavanderas...) cobran salarios demasiado insignificantes para poder permitirse alojarse y alimentarse correctamente, máxime si tienen una familia a su cargo. Por lo que algunas recurren puntualmente a la prostitución, para obtener ingresos adicionales. La mirada de los paseantes que se gira hacia la Lavandera de Dagnan-Bouveret parece buscar una señal de disponibilidad sexual en la joven.

Giovanni Boldini-Traversant la rue
Giovanni Boldini
Traversant la rue, 1873-1875
Williamstown, Sterling and Francine Clark Art Institute
Copyright: www.bridgemanart.com © Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts, USA / Photo Michael Agee / Bridgeman Images

Las "chicas públicas" se desvanecen, por su parte, entre la muchedumbre y solo se distinguen por sus palabras, gestos (al levantar la enagua para descubrir una botina), poses estudiadas o expresiones significativas (sonrisa discreta, mirada furtiva o sostenida), como lo muestran las obras de Boldini o Valtat. Estas identidades movedizas, esquivas, fascinan los artistas que restituyen el clima equívoco del París moderno en las obras en las que sus contemporáneos perciben alusiones más o menos codificadas del universo de la prostitución.

Ambigüedad. París, capital de los placeres

Ambigüedad. París, capital de los placeres

Edouard Manet-La prune
Edouard Manet
La prune, 1878
Washington, National Gallery of Art
© Courtesy The National Gallery of Art, Washington

Diferentes lugares de sociabilidad, de encuentros y de distracción, contribuyen a forjar la imagen de un París capital de los placeres. La ciudad atrae a numerosos turistas para los que se editan guías especializadas.
La prostitución callejera se organiza principalmente alrededor de los cafés, establecimientos a los que una mujer honrada nunca acudiría sin ir acompañada. Las terrazas son emplazamientos estratégicos para aquellas que buscan clientes, visibles a la vez desde el interior del establecimiento y desde la calle. A "la hora de la absenta", al finalizar la tarde, esperan la llegada de los clientes, sentadas en una mesa delante de una copa de alcohol, un cigarrillo en la mano, como lo sugieren las obras de Manet, Degas y Van Gogh.

Vincent van Gogh-Agostina Segatori au Tambourin
Vincent van Gogh
Agostina Segatori au Tambourin, 1887
Amsterdam, Van Gogh Museum
© Van Gogh Museum, Amsterdam (Vincent van Gogh Foundation)

En el último tercio del siglo XIX, con la liberalización del comercio de lugares de venta de bebidas, conforme el número de prostíbulos va disminuyendo se multiplican las "cervecerías de mujeres". Las "verseuses" hacen que los clientes beban, simulando relaciones de seducción. Algunas de entre ellas ejercen una prostitución clandestina, tanto fuera como dentro del establecimiento.
Los cafés-concierto y cabarets, cuyo número va creciendo constantemente a finales del siglo, también son focos de prostitución que representan artistas como Toulouse-Lautrec o Forain. En el escenario actúan mujeres de diversos talentos que se ilustran en un registro de canciones y bailes licenciosos. Algunos establecimientos, como el Moulin Rouge o las Folies-Bergère, atraen un público principalmente formado por turistas extranjeros que acuden tanto para apreciar el espectáculo en la sala, como la posibilidad de encuentros venales por los pasillos.

Ambigüedad. "La hora del gas"

Ambigüedad. "La hora del gas"

Louis Anquetin-Femme sur les Champs-Elysées la nuit
Louis Anquetin
Femme sur les Champs-Elysées la nuit, 1891
Amsterdam, Van Gogh Museum
© Van Gogh Museum, Amsterdam (purchased with the support from the BankGiro Lottery and the Rembrandt Association) / Maurice Tromp

"Lo que me parece lo más bello de París es el bulevar. [...] A la hora en que las farolas de gas brillan en los cristales, cuando retumban los cuchillos encima de las mesas de mármol, voy paseando por allí, apacible, envuelto en el humo de mi puro y mirando a través de él a las mujeres que pasan. ¡Aquí se extiende la prostitución, aquí los ojos brillan!" Estas líneas escritas por Gustave Flaubert a Ernest Chevalier (25 de junio de 1842) describen el espectáculo de la prostitución que ofrece un París transformado por la creación de los bulevares y el nuevo alumbrado urbano.
La prostitución, prohibida en pleno día, está autorizada para las chicas con tarjeta cuando cae la noche, en el momento en que se encienden las farolas. Este momento coincide con la hora a la que salen del taller las obreras, y algunas se prostituyen ocasionalmente. Si, durante el día, las mujeres venales cultivan apariencias equívocas, sus actitudes se transforman, conforme se metamorfosea el paisaje urbano alumbrado con gas y posteriormente con la electricidad.
Ya sea prostitutas de baja categoría o destacadas cortesanas, las "bellas de noche" saben poner de relieve sus encantos gracias a la luz artificial, como lo muestran las obras de Anquetin, Béraud o Steinlen. Eligen a propósito detenerse a proximidad de una fuente de luz y juegan con "el brillo mágico de las farolas" o los enfoques de "luz cruda" para que resalten mejor sus rasgos maquillados, en la oscuridad. Al exhibirse así a la mirada de los paseantes, la prostitución se hace visible de noche, allí donde de día era discreta. Parece entonces invadir el espacio público, como lo demuestran numerosos escritos de la época.

Ambigüedad. El lado oscuro

Ambigüedad. El lado oscuro

Edouard Manet-Bal masqué à l'Opéra
Edouard Manet
Bal masqué à l'Opéra, 1873
Washington, National Gallery of Art
© Courtesy The National Gallery of Art, Washington

Frecuentada por la alta burguesía y la aristocracia, la Ópera es el teatro de una prostitución de alto copete que puede adoptar varias formas.
Los abonados, reconocibles por su traje negro y su sombrero de copa alta, tienen algunos el privilegio de poder penetrar en el Foyer de la danza, espacio privado que genera todo tipo de fantasías relacionadas con estar entre bambalinas. Entonces, como lo muestran las obras de Degas o Béraud, pueden conocer a las señoritas de la ópera, o bailarinas más conocidas con el nombre de "rats" (ratas). Estas proceden en mayoría de un entorno modesto y son sus madres que sueñan con un mejor destino para ellas, quienes las matriculan en la Escuela de Danza. Aunque la paga de las jóvenes bailarinas sea insignificante, la posibilidad de conocer a un rico e influyente "protector" basta para que la profesión sea atractiva.

Henri Gervex-Le bal de l'Opéra, Paris
Henri Gervex
Le bal de l'Opéra, en 1886
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
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La sala de la Ópera de la rue Le Peletier y posteriormente del Palais Garnier es particularmente propicia para los encuentros venales, durante el periodo del carnaval cuando se celebran grandes bailes de disfraces. La parte delantera del foyer se llena entonces de hombres con traje negro que se codean con mujeres jóvenes de rasgos disimulados detrás de una máscara o un "dominó", capa de carnaval. Este tema del baile de máscaras que fomenta las intrigas galantes inspira varios artistas incluidos Giraud, Manet y Gervex.
Lugar de la apariencia, la Ópera está muy indicada para permitir a las "demi-mondaines" o cortesanas exhibir su triunfo. La escalera de honor por la que pasan y los palcos en los que se acomodan, son marcos selectos para mostrar sus más bellos atuendos y sus más valiosas joyas.

Prostíbulos. De la espera a la seducción

Prostíbulos. De la espera a la seducción

Edgar Degas-Femme nue se peignant
Edgar Degas
Femme nue se peignant, vers 1877-1880
Chicago, collection particulière
© Collection particulière, Chicago

Las "casas de tolerancia", prostíbulos, están en el centro del sistema reglamentarista que surgió bajo el Consulado. Su existencia fue legalizada en 1804, de modo a permitir una vigilancia policial y médica eficaz de las pensionistas, ya que cada una de entre ellas estaba inscrita en el registro de la alcahueta y se le asignaba un número.
Aunque desde el origen existían establecimientos muy contrastados, que van del "antro para marineros" a la casa de lujo ("alta tolerancia"), el incremento de la prostitución clandestina, a finales de siglo, redujo el número de los prostíbulos, mientras que el de las cervecerías de mujeres no dejó de crecer. Solo se mantienen los establecimientos más distinguidos, de exuberantes decoraciones, destinados a una clientela adinerada.
Lugar cerrado por naturaleza, el burdel es una especie de laboratorio para los artistas en busca de temas modernos y de una renovación del tratamiento del desnudo femenino. Para los dibujantes satíricos como Rops y Forain, es una forma de revelar el lado oscuro de la sexualidad burguesa. A finales de la década de 1880, jóvenes artistas de vanguardia como Émile Bernard y Louis Anquetin representan el universo de los prostíbulos, desde el aburrimiento de los largos momentos de espera, hasta la transformación de las actitudes, con la llegada de los clientes.

Constantin Guys-Hommes attablés en compagnie de femmes légèrement vêtues
Constantin Guys
Hommes attablés en compagnie de femmes légèrement vêtues
Paris, musée d'Orsay, conservé au département des Arts Graphiques du musée du Louvre
© Photo RMN - Christian Jean © RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Christian Jean

Toulouse-Lautrec proporciona, como nadie, un rostro a las prostitutas de su época. No las pinta en mujeres fatales ni en víctimas de la sociedad, sino como mujeres ordinarias, acaparadas por sus actividades diarias. En 1893 y 1894, el artista comparte la intimidad de las "chicas" de las casas de la rue d’Amboise y de la rue des Moulins. En los testimonios pictóricos que deja de estos encuentros, da la impresión de una vida tranquila aunque muy melancólica.

Prostíbulos. Imágenes prohibidas

Prostíbulos. Imágenes prohibidas

Anonyme-Sans titre
Anonyme
Sans titre
Paris, Bibliothèque nationale de France
© Photo BnF

La llegada de la fotografía, en 1839, inaugura una nueva era de figuración del cuerpo y del consumo de la sexualidad. A partir del momento en que pueden captar lo vivo, gracias a un tiempo de pose reducido, los fotógrafos exploran la representación de los rostros y de los sexos. La precisión y la finura de los detalles que ofrecen los daguerrotipos y posteriormente el relevado en papel albuminado, permiten una expresión excepcional del grano y de la transparencia de la piel, de la implantación de la pilosidad, de las expresiones matizadas de la mirada y de la sonrisa. La coloración de las carnes, ojos y accesorios viene reforzando la ilusión de lo real. La aplicación de la estereoscopía, al medio, finaliza esta estremecedora impresión de un cuerpo que podemos detallar y escrutar en su volumen, gracias a la práctica solitaria que permite una visionadora.
Estas escenas compuestas están muy lejos de las prácticas reales del burdel. Cómo no: ¡Las tomas de vista se realizan en el estudio del fotógrafo! Por temor a que les embarguen su producción y, por ende, ser arrestados, condenándoles a una larga pena de cárcel, los operadores no firman sus clichés y los actores no revelan su identidad. Vendidas clandestinamente, estas imágenes son el resultado de una relación entre un modelo, un fotógrafo y un destinatario que reproduce el triángulo formado por la prostituta, el proxeneta y el cliente. Igual que la mujer real que se expone en el salón del prostíbulo, tienen por objetivo la excitación sexual. Al consumir una imagen, el espectador se convierte el mismo virtualmente en cliente.

Prostíbulos. Escenas costumbristas

Prostíbulos. Escenas costumbristas

Jean-Louis Forain-Le client
Jean-Louis Forain
Le client
Memphis, Collection of the Dixon Gallery and Gardens
Purchase with funds provided by Brenda and Lester Crain, Hyde Family Foundations, Irene and Joe Orgill and the Rose Family Foundation
© Photo courtesy of the Dixon Gallery and Gardens, Memphis

Debido a la prohibición social de hacer público lo que sucede en los prostíbulos, pero también a la dificultad técnica del ejercicio (material voluminoso, emulsiones poco sensibles que requieren mucha iluminación), tanto los fotógrafos, como los pintores o los escultores, componen en su estudio cuadros vivos y fantasías que reconstituyen la intimidad de las "casas especializadas" del Segundo Imperio.
Se recrean de este modo escenas de salones y de alcobas, con un lujo de detalles, gracias a la utilización de decorados adaptables, telas pintadas y cantidad de accesorios. Los figurantes, modelos pagados, amigos o miembros de la familia, las animan y hacen que sean a menudo muy realistas.
Estos lugares de sociabilidad masculina, se presentan como promesas de iniciación, de voluptuosidad y de transgresión. A muchos sainetes se les da más consistencia con una pizca de erotismo que excita al burgués sin perjudicar su reputación: vestidos que suben para mostrar las piernas, blusas entreabiertas, mujer joven aseándose o lánguidamente abandona durmiendo.
El auge de la postal fotográfica, a comienzos del siglo XX, acompaña las transformaciones del microcosmos de la prostitución. Aparecen nuevas figuras en la iconografía popular como el proxeneta, presentado como el amante, el protector, pero también como el maltratador, o los Apaches, estos maleantes que actúan en bandas y organizan los bajos fondos parisinos, en torno a estafa, peleas y proxenetismo. La violencia entre los sexos se representa de ahora en adelante sin rodeos.

Prostíbulos. Escenas de intimidad

Prostíbulos. Escenas de intimidad

Félix Vallotton-Femmes à leur toilette
Félix Vallotton
Femmes à leur toilette, en 1897
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
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Las chicas de prostíbulo tienen la obligación de que se les practiquen reconocimientos médicos regulares, con el fin de evitar a los clientes cualquier riesgo de contaminación, en caso de enfermedad venérea. De modo que su cuerpo es el objeto de atenciones constantes y minuciosas, ya que se supone que esta higiene irreprochable tiene virtudes profilácticas.
El aseo diario, antes de la llegada de los clientes, también es un momento de distracción que marca el inicio de los preparativos de las pensionistas, para la velada. Aunque algunos artistas, como Vallotton, proporcionen un aspecto de gineceo a estos instantes dedicados a los cuidados corporales, otros muestran los últimos preparativos (peinado, ajuste del corsé...) en presencia del cliente, como una etapa algo puesta en escena, del encuentro venal.
Además del aseo, la intimidad de las "chicas" también pasa por los vínculos que estrechan entre ellas y que generan todo tipo de fantasías. Las relaciones homosexuales se describen con frecuencia, en los prostíbulos. Toulouse-Lautrec, en particular, representa estas "tríbadas" frente a sus propios cuerpos, de los que se adueñan de nuevo, cuando no está el cliente, durante escenas llenas de sugerente tensión.
En la serie de estampas que titula Ellas, Toulouse-Lautrec, realiza la crónica de la vida doméstica de las mujeres que viven de la prostitución y del espectáculo. Estas escenas íntimas que las muestran lavándose y peinándose, han sido precedidas por dibujos preparatorios, realizados por el artista en los burdeles a los que acudía.

La prostitución en el orden moral y social. Reglamentarismo <em>versus</em> abolicionismo

La prostitución en el orden moral y social. Reglamentarismo versus abolicionismo

Paul-Emile Boutigny-Boule de suif
Paul-Emile Boutigny
Boule de suif, 1884
Carcassonne, musée des beaux-arts
© RMN-Grand Palais / Benoît Touchard

Vista como un "mal necesario" destinado a satisfacer "la brutalidad de las pasiones del hombre", la prostitución no está considerada como un delito, en el siglo XIX. Bajo el Consulado se organizan el marco y el control de la sexualidad venal: las chicas de mala vida se radican bajo la tutela de la policía antivicio y son sometidas a reconocimientos médicos obligatorios (1802) mientras que se legaliza la existencia de las "casas de tolerancia" (1804). Presentado como una medida de "salvación pública", este sistema reglamentarista, promocionado por Alexandre Parent-Duchâtelet (1836), debe permitir luchar contra la propagación de las enfermedades venéreas, a la que vez que se preserva la armonía conyugal.

Théophile Alexandre Steinlen-La pierreuse
Théophile Alexandre Steinlen
La pierreuse, entre 1859 et 1923
Musée d'Orsay
legs de la fille de l'artiste au Louvre,1970
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Tony Querrec
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Fuera del espacio cerrado y controlado de las casas de tolerancia, la prostitución callejera se desarrolla y adopta formas más inestables. Las "chicas con tarjeta" (o "chicas sometidas") están inscritas en los registros de la prefectura de policía y obligadas a reconocimientos médicos regulares. En mayoría bajo el control de proxenetas, las "insumisas" o prostitutas clandestinas, buscan clientes de forma más discreta para librarse de las redadas que las conducen a Saint Lazare, a la vez lugar de detención y hospital destinado a cuidar las sifilíticas.
El incremento de la prostitución clandestina (que pasa por ser 7 a 8 veces superior a la prostitución legal) y el desarrollo de algunas prácticas venales (prostitución ocasional de mujeres que ejercen oficios poco remunerados, aumento del número de cervecerías de mujeres...) marcan, a finales del siglo XIX, el fracaso del sistema reglamentarista. Al mismo tiempo se desarrolla un movimiento abolicionista, dirigido por feministas (Joséphine Butler) y republicanos radicales (Yves Guyot). La Ley Marthe Richard - votada el 13 de abril de 1946 y que impone el cierre de los prostíbulos - puede ser considerada como la heredera de esta corriente.

La aristocracia del vicio. Las grandes horizontales

La aristocracia del vicio. Las grandes horizontales

Henri Gervex-Madame Valtesse de la Bigne
Henri Gervex
Madame Valtesse de la Bigne, en 1879
Musée d'Orsay
don du modèle au Luxembourg, 1906
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
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En la cumbre de la escala de la prostitución, las demi-mondaines (cortesanas), grandes horizontales o cocottes, son el objeto de una vigilancia particular. Lo demuestra el Livre des courtisanes, registro de las cortesanas controlado por la policía antivicio, en el que se indican con esmero las relaciones venales y clandestinas de las "estrellas de la alta prostitución" como Jeanne de Tourbay, Blanche d'Antigny, Hortense Schneider, Marguerite Bellanger o Sarah Bernhardt con sus clientes.
Estas mujeres jóvenes, entre ellas algunas –como Valtesse de la Bigne - inspiraron a Zola el recorrido de Nana, a menudo debutaron en los escenarios en papeles que ponen de relieve su belleza, en lugar de su talento de actriz o de cantante. Su ascenso social, a veces fulgurante, está asegurado por sus protectores, procedentes de las altas esferas de la sociedad. Para estos últimos, mantener ostensiblemente una destacada demi-mondaine es a la vez una señal exterior de riqueza y de virilidad.
Al jugar hábilmente con este capital erótico y social, las cortesanas muestran su éxito mediante la difusión de su imagen. En grandes retratos realizados por pintores oficiales y mostrados en el Salón, encontramos los códigos tradicionales del género sutilmente desviados (mirada franca, pose conquistadora, pierna descubierta...). El retrato fotográfico ofrece, por su parte, además, la posibilidad de una amplia difusión, una gran variedad de puestas en escena que permiten exhibir joyas y demás suntuosos atuendos.

Reutlinger-La belle Otéro
Reutlinger
La belle Otéro, 1875-1917
Département Estampes et photographie, Bibliothèque Nationale de France, Paris
© Bibliothèque Nationale de France, Paris

Admiradas en el teatro o en la Ópera, observadas por la prensa, estas demi-mondaines ejercen una verdadera fascinación e indican la tendencia, en materia de moda y de gusto.

La aristocracia del vicio. Mundo y demi-monde

La aristocracia del vicio. Mundo y demi-monde

Albert-Ernest Carrier-Belleuse, Aimé Jules Dalou, Pierre Manguin-Console du grand salon de l'hôtel de la Païva
Albert-Ernest Carrier-Belleuse, Aimé Jules Dalou, Pierre Manguin
Console du grand salon de l'hôtel de Païva, entre 1864 et 1865
Musée d'Orsay
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / René-Gabriel Ojéda
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Las grandes demi-mondaines se comportan a menudo como expertas mujeres de negocios y procuran constituir un importante capital financiero e inmobiliario. El colmo del éxito, para ellas, es lograr que les regalen o construyan un palacete particular y, cuando su fortuna es suficiente, aspirar a una alianza matrimonial que les ofrezca un apellido con partícula nobiliaria y una nueva respetabilidad.
En materia de decoración y de mobiliario, la diferencia entre el mundo y el demi-monde no es muy perceptible. Los muebles de la Païva demuestran, por ejemplo, un gusto por un lujo y un refinamiento muy tradicionales, cuyas formas y materiales evocan los estilos del Antiguo Régimen.

Henri Gervex-Rolla
Henri Gervex
Rolla, en 1878
Musée des Beaux-Arts, Bordeaux
Legs de M. Bérardi, 1926
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
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La mezcla de los mundos, la imposibilidad de distinguir una mujer honrada de una mujer galante, es un motivo de fascinación, tanto para los artistas como para los hombres de letras. "La aristocracia del vicio" denunciada por Zola, escapa en gran parte al sistema reglamentarista, lo que revela el análisis de Parent-Duchâtelet: "nadie negará que [...] estas mujeres son verdaderas prostitutas; hacen de ello su profesión; propagan más que nadie las enfermedades graves y las discapacidades precoces; destruyen la fortuna tanto como la salud, y pueden ser consideradas como los seres más peligrosos de la sociedad".

Imaginario de la prostitución. Fantasías y alegorías

Imaginario de la prostitución. Fantasías y alegorías

Gustav-Adolf Mossa-Elle
Gustav-Adolf Mossa
Elle
Nice, Musée des Beaux-Arts Jules Chéret
© Photo RMN - Droits réservés © ADAGP, Paris 2015 - RMN-Grand Palais / Droits réservés

Figura ineludible en la literatura, las artes y la prensa del siglo XIX, la prostituta fomenta la expresión de las fantasías masculinas, a veces mediante rodeos espacio-temporales. El Oriente, la Grecia y la Roma de la Antigüedad son decorados a los que se recurre con frecuencia, para poner en escena cuerpos desnudos en poses lascivas.
En el registro alegórico, la mujer venal encarna los defectos de toda una sociedad. El Apocalipsis de Juan evoca asimismo la figura corruptora y amenazadora de la Gran Prostituta, imagen que vuelve a surgir en el siglo XIX, cuando se califica París de "nueva Babilonia". Las referencias a la prostitución alimentan la crítica de los diferentes regímenes políticos: Thomas Couture denuncia la degeneración moral de la Monarquía de Julio mediante los Romanos de la decadencia mientras que Zola hace de Nana una Venus envenenadora, portadora del germen de la descomposición de la sociedad del Segundo Imperio.

Jean Béraud-La Madeleine chez le Pharisien
Jean Béraud
La Madeleine chez le Pharisien, 1891
Musée d'Orsay
Don M. et Mme Robert Walker, 1982
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
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Mediante la prostituta se comunican turbias angustias y múltiples consideraciones sobre "la Mujer" en general. Mientras que el periodo romántico otorga un protagonismo positivo a las heroínas vencidas, transfiguradas por el amor sincero que les ofrece, a imagen y semejanza de María Magdalena, un camino hacia la redención (La Dama de las camelias), el fin de siglo observa la multiplicación de figuras de ídolos, poderosas, crueles y hieráticas, de voraz sexualidad.

Prostitución y modernidad. El espectáculo de la prostitución

Prostitución y modernidad. El espectáculo de la prostitución

Henri Evenepoel-Au café d'Harcourt à Paris
Henri Evenepoel
Au café d'Harcourt à Paris, 1897
Francfort-sur-le-Main, Städel Museum
Städel Museum - U. Edelmann/ARTOTHEK © Städel Museum ?R U. Edelmann ?R" ARTOTHEK"

Presentada en el Salón de 1865, Olympia provoca un sonado, escándalo a la vez por su tema – una prostituta desnuda representada en un formato monumental – y la libertad de la pincelada de Manet. Este intenta entonces probablemente encarnar el "pintor de la vida moderna", reivindicado por Baudelaire que exhorta los artistas a captar "la imagen variada de la belleza intérlope "en la vida "oculta" de las grandes ciudades.

Edvard Munch-Noël au bordel
Edvard Munch
Noël au bordel
Oslo, Munch Museum
© Munch-museet/Munch -Ellingsen Gruppen/Bono / Sidsel de Jong

A finales del siglo XIX, la prostitución se afirma como un tema moderno y digno de ser pintado. Para los artistas que acuden o se establecen entonces en la capital francesa, Toulouse-Lautrec representa un ejemplo. Sus motivos, inspirados por la vida nocturna parisina, son reutilizados por muchos de entre ellos, como Picasso, Kupka, Van Dongen o Sluijters. Estos pintores buscan equivalentes plásticos a las sensaciones vividas en lugares en los que la muchedumbre, el alboroto, el movimiento, están amplificados por la presencia de espejos y de iluminación artificial. Las propias "chicas" participan de forma activa en este espectáculo de la prostitución, optando por las apariencias "obvias": el maquillaje exagerado, las poses trabajadas y la ropa llamativa se convierten en cuantos motivos que contribuyen a la renovación de la estética.

Prostitución y modernidad. El taller, teatro de fantasías y obsesiones

Prostitución y modernidad. El taller, teatro de fantasías y obsesiones

Anonyme-Etudes de nu, femme de dos debout sur une chaise
Anonyme
Etudes de nu, femme de dos debout sur une chaise, entre 1900 et 1910
Musée d'Orsay
Don de M. Carmelo Carra, 1986
droit réservé - photo musée d'Orsay / rmn © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Béatrice Hatala / DR
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En un siglo en pleno auge del pudor, las prostitutas son, junto con las modelos, colaboradoras ideales: son las únicas mujeres dispuestas a mostrar su sexo y prestar su cuerpo, para experiencias físicas y ficciones visuales. En efecto, la decencia prohíbe la desnudez femenina total, en pleno día.
Cuando aparecen las emulsiones con gelatino-bromuro de plata, el desarrollo de cámaras de uso simplificado, y la posibilidad de tomar uno mismo los clichés, muchos artistas -pintores, escultores, escritores o... fotógrafos- creen que la fotografía es como un nuevo medio que les permite explorar la sexualidad femenina. Aquí la mujer se transforma en objeto que se puede estudiar, escrutar, deformar, en resumen dominar.
Producidas en la intimidad de un espacio oculto para las miradas exteriores (taller, estudio, habitación), estas imágenes están destinadas a una contemplación confidencial y solitaria. El álbum de fotografías es el objeto de deleite por excelencia de este pequeño teatro privado.

Prostitución y modernidad. Placeres de aficionados

Prostitución y modernidad. Placeres de aficionados

Anonyme-Etudes de nu, femme assise bras croisés
Anonyme
Etudes de nu, femme assise bras croisés, entre 1900 et 1910
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Alexis Brandt
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Con el paso al siglo XX, la democratización de los procesos fomenta la emergencia de una fotografía de aficionados, practicada como forma de ocio. La cámara, introducida en un estuche de piel, se transporta en bandolera y puede utilizarse sin trípode. Permite a aquellos que "pulsan en los botones", estos usuarios que no son ni profesionales ni expertos en fotografía, liberarse de las obligaciones del estudio y hacer por fin que sean accesibles escondites y jardines secretos, como los salones y las habitaciones de las casas de citas o de los apartamentos amueblados.
A pesar de su singular tema, esta iconografía presenta rasgos comunes con la fotografía de familia... pero la de una familia anónima cuyos nombres de los miembros (prostitutas, alcahuetas y proxenetas, clientes) no han sobrevivido. El abanico temático es reducido, los encuadres son torpes, el desenfocado o movido es frecuente, porque lo que cuenta, para el usuario indiferente a la técnica, es el tema. El cliché materializa ante todo el recuerdo de un lugar, de un rostro o de un cuerpo, de una emoción. Es el recordatorio de la aventura libertina.
La propia grabación contribuye a un mundo de sensaciones. La cámara fotográfica se convierte en la prolongación del ojo, este órgano erógeno estudiado por Sigmund Freud que, en sus Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905), afirma que "la impresión óptica sigue siendo el camino por el que se despierta la excitación libidinal con la mayor frecuencia". La toma de vista es un componente del placer sexual.

Prostitución y modernidad. Un derroche de formas y de colores

Prostitución y modernidad. Un derroche de formas y de colores

André Derain-La femme en chemise ou Danseuse
André Derain
La femme en chemise ou Danseuse, 1906
Copenhague, Statens Museum for Kunst
Foto: SMK Foto.Statens Museum for Kunst.Sølvgade 48-50.1307 København K DANMARK.e-mail: foto@smk.dk.www.smk.dk © Adagp, Paris, 2015 - SMK Photo / RBU

El verbo "prostituir" significa literalmente "poner de relieve, exponer al público", de modo que no es de sorprender ver confundirse, en el imaginario del siglo XIX y de comienzos del XX, los mundos del arte y de la prostitución. La metamorfosis del cuerpo de la prostituta, "objeto de placer público", en obra de arte ofrecida a las miradas se realiza mediante los artificios de la seducción: las poses estudiadas renuevan el registro de las formas tradicionalmente admitidas en la categoría academicista, mientras que el maquillaje (también llamado "pintura del rostro") o las medias de colores, son pretextos para un derroche de colores bajo los pinceles de Kupka, Derain, Van Dongen, Rouault o Picasso...
A veces maquillados con una "ingenuidad grosera", los rostros se confunden con las máscaras y la identidad de los modelos, aunque se representen cada vez más solitarios, parecen disolverse, en beneficio de una búsqueda formal que acentúa y geometriza los rasgos. Con esta radicalización del tratamiento de las formas, las imágenes de prostitución se quitan el lastre de su contenido documental, moral o alegórico.

František Kupka-La môme à Gallien
František Kupka
La môme à Gallien, 1909-1910
Prague, Národní Galerie
© Adagp, Paris, 2015 - Narodní Galerie, Prague, Czech Republic

El ejemplo de Picasso demuestra la variedad de los enfoques posibles del tema. Aunque represente las chicas de la vida en un tratamiento caricaturesco y colorido que se aproxima a Toulouse-Lautrec, otorga a este mismo tema, a lo largo del periodo azul, un contenido más profundo y simbólico. Su cuadro que representa una presa de Saint-Lazare en el claro de luna, lleva la marca de una empatía por la melancolía de su modelo y se aparenta a un retrato psicológico. Unos años más tarde, elimina cualquier dimensión anecdótica en Las Señoritas de Aviñón en beneficio de una revolución plástica de una extremada brutalidad que abre un campo nuevo al arte moderno.