Exposition au musée

Félix Thiollier (1842-1914), fotografías

Del 13 Noviembre 2012 al 10 Marzo 2013
Félix Thiollier
Usines au bord de l'Ondaine, environs de Firminy, 1895-1910
Collection particulière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Alexis Brandt

Félix Thiollier

Félix Thiollier -Paysage de mine, Les Puits Chatelus à Saint-Etienne
Félix Thiollier
Paysage de mine, Les Puits Chatelus à Saint-Etienne, entre 1907 et 1912
Musée d'Orsay
1997, acquisition
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
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Si se desconocía el talento del fotógrafo Félix Thiollier, hasta hace veinte años, es sobre todo porque nunca se le hubiera ocurrido pretender tener dicho reconocimiento, en si mismo. Cuando decide, con 35 años de edad, vivir de sus rentas, el objetivo de este fabricante de cintas de Saint-Étienne, consiste en dedicarse al arte y a la arqueología.
Pero como se le quedaba pequeño el papel de erudito local, muy pronto inicia una actividad editorial de obras ilustradas. Destinada a promocionar, tanto las riquezas naturales y patrimoniales del Forez, como la obra de sus amigos artistas, esta empresa moviliza, aparentemente, una parte esencial de la energía que no dedica a la defensa del patrimonio y a la animación de la vida cultural de Saint-Étienne.
Fue el reconocimiento adquirido a nivel regional y nacional, en este doble ámbito, que prevaleció hasta hace poco.

Félix Thiollier -Paysage avec figure, Forez (Loire)
Félix Thiollier
Paysage avec figure, Forez (Loire), entre 1880 et 1882
Musée d'Orsay
Don de M. et Mme Noël Sénéclauze, 2007
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
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Hoy, la única fuerza de una resolución – aquella de mantenerse al margen de los círculos fotográficos de su época – parece estar a la altura del fervor de Thiollier por el medio, que practicará de forma ininterrumpida durante más de medio siglo.
Más allá de la riqueza de su inspiración, esta exposición pretende hacer apreciar la originalidad de un planteamiento totalmente basado en una sed inagotable de pintoresco: al mando de la máquina fotográfica, este mecanismo de la mirada iba a conducirle de los paisajes campestres, a las escenas de la vida rural, hasta la sensible evocación de un mundo industrial, ampliamente ignorado por la fotografía de aficionado, en la encrucijada entre los siglo XIX y XX.
"A una edad en la que me ilusionaba y creía en la alianza posible entre el pintoresco y la arqueología..."

Félix Thiollier-Un chasseur
Félix Thiollier
Un chasseur, 1873-1880
Paris, collection Julien-Laferrière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

El legado intelectual y estético de Thiollier es aquel de una élite provincial apasionada por el arte y la arqueología, tanto como por la bibliofilia. Cuando, a finales de la década de 1850, sus predecesores le alientan a fotografiar zonas destacadas y monumentos del Forez, ya tienen en mente el proyecto de dedicar una obra a esta antigua provincia, celebrada por Honoré d'Urfé en L'Astrée (1607-1627), que se extiende del departamento del Loira y parte del Alto Loira hasta el Puy-de-Dôme.
Todos estaban convencidos del interés de la tradición romántica de la pintoresca edición ilustrada que iba a abrirse camino, en la segunda mitad del siglo, mediante numerosas publicaciones regionalistas, como cuantas respuestas locales a esta búsqueda de identidad de las provincias francesas.
Ilustrado a partir de clichés antiguos o recientes, El Forez pintoresco y monumental de Thiollier, publicado en 1889, constituye uno de sus últimos y mayores ejemplos.

Perpetuar el ideal campestre

Félix Thiollier -Bergère et troupeau
Félix Thiollier
Bergère et troupeau, entre 1890 et 1910
Musée d'Orsay
2006, acquis par l'Etablissement public du musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Alexis Brandt
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Al dejar la ciudad y su profesión de industrial, Thiollier no solo se aproxima a los monumentos y a los paisajes, que se ha fijado como objetivo describir. Al adquirir, en la década de 1870, dos modestas fincas agrícolas – un coto de caza en medio de los estanques de Précivet, y la antigua encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén en Verrières –, se inventa un papel de afincado en el corazón de esta Arcadia amenazada que representa, para él, el campo del Forez.
Marcado por ejemplo de los artistas de Barbizon, de los que colecciona los lienzos, como por sus amigos naturalistas, no se cansará de fijar, con la mirada del pintor, el recuerdo de las formas de vida y de los conocimientos tradicionales.
Un distanciamiento poético es, sin embargo, necesario, para que el duelo mediante la imagen pueda realizarse. Este pasa, preferentemente, por la fiel complicidad de la hija del artista del fotógrafo, que se impone al objetivo, cada vez que se trata de enfocar la intemporalidad de la escena costumbrista campesina.
"Paisajes estilados"

Félix Thiollier-Paysage fluvial
Félix Thiollier
Paysage fluvial, 1890-1910
Paris, collection Julien-Laferrière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Aunque Thiollier no haya esperado el encuentro con Ravier, en 1873, para nutrirse de una ambición paisajística, tener en cuenta la influencia del pintor de Morestel – además fotógrafo desde la década de 1850 – es esencial, para entender su evolución hacia un concepto artístico más asumido, aunque inconfeso, del medio fotográfico.
Fruto de las sesiones dedicadas a "fotograficar" juntos, el parentesco visual declinado en paisajes tanto de otoño, como de invierno que, en la ausencia de cualquier presencia humana, son cuantas variaciones luminosas sobre el puñado de motivos elegidos por el pintor: tranquilos estanques u orillas de riachuelos, siluetas solitarias de árboles muertos, sotobosques o senderos en el campo; todo un repertorio de origen del Dauphinois, acude para estimular la voluntad de Thiollier de alabar la hermosura natural del Forez.
Aunque la riqueza de ésta última ordene en si misma una ampliación a los paisajes fluviales y a los panoramas montañosos, casi siempre otorga el mayor espacio al cielo y al estudio de las nubes, expandido y multiplicado, de forma idónea, por un juego de reflejos en el agua.

Félix Thiollier -Paysage, Forez (Loire)
Félix Thiollier
Paysage, Forez (Loire), entre 1890 et 1910
Musée d'Orsay
Don manuel de la famille Julien-Laferrière par l'intermédiaire de Bertrand Julien-Laferrière, 2006
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Alexis Brandt
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La gama de los efectos cultivados por Thiollier, aunque esté en parte destinada a transponer el lirismo post-romántico que, en Ravier, pasa por el ardor de los colores y el virtuosismo de la pincelada, constituye sin embargo la marca de una interpretación del paisaje, entregada mediante la perfecta inteligencia de su herramienta de expresión.
Forzando la aproximación con la fotografía artística contemporánea, así mismo su estilo está ante todo caracterizado por la expresividad de los contrastes de valores. Esta preferencia por la naturaleza, reducida a la monocromía, explica en parte una predilección por el paisaje nevado. También es ésta que dirige la búsqueda casi sistemática del contraluz, efecto incluso más indicado para servir una doble tendencia hacia la sintetización del motivo y la teatralización del paisaje.
De hecho, la serena plenitud del pleno día está lejos de inspirar Thiollier, tanto como los ambientes de soledad y de silencio que se instalan en el crepúsculo. Como lo confirman numerosas descripciones de su mano, en ese momento, cuando las sombras se vuelven más dramáticas, el paisaje ejerce sobre él su mayor atracción.

Territorios íntimos

Félix Thiollier -Paysage, La Sauvetat
Félix Thiollier
Paysage, La Sauvetat, entre 1890 et 1910
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Alexis Brandt
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En paralelo a la búsqueda del efecto que con tanta frecuencia ha guiado su mirada paisajística, las peregrinaciones solitarias de Thiollier también le han inspirado una vena más personificada y de esta forma más terrenal, que demuestra una inflexión íntima de la experiencia sensible del territorio.
Si el enfoque pintoresco tradicional, que había adoptado hasta la década de 1880, se ha nutrido del romanticismo, esto se debe en parte a una afirmación de una forma de relación con el entorno que otorgaba a éste último el carácter de un espectáculo, dejando ampliamente paso a la subjetividad del primer espectador que tuvo el deseo de representarlo.

Félix Thiollier-Etang à Mornand, Forez (Loire)
Félix Thiollier
Etang à Mornand, Forez (Loire), 1890-1910
Paris, collection Julien-Laferrière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Esta mirada es la que ahora parece querer escenificar Thiollier, que encuentra en ella, más que en el retrato, la forma de incluir su persona, en el paisaje que reivindica como suyo propio y, así mismo, en su obra. Obviamente, la naturaleza siempre está vacía, pero aquí es para llenarla todavía más de la presencia del fotógrafo, cuyas elecciones revelan ser aún más personales, ya que los lugares elegidos parecen no tener ningún atractivo, desde el punto de vista de los cánones de la estética pintoresca.
Arrastrado por la nueva aceleración del proceso fotográfico, aquel que practicaba el instantáneo llegará incluso a desatender el papel en el que la tradición pictórica lo había encerrado, detrás de la ventana de Alberti: sus imágenes son aquellas de un paseante en acción en el propio interior del paisaje o, más exactamente haciendo una parada, confrontado al deseo de inmortalizar la emoción que le ha llevado a instalar su dormitorio en medio del camino o, como a menudo, en uno de los rincones de su jardín.
El pintoresco como revelador: la fotogenia de la ciudad negra

Félix Thiollier-La cokerie Verpilleux, environs de Saint-Etienne
Félix Thiollier
La cokerie Verpilleux, environs de Saint-Etienne, 1895-1910
Paris, Collection Julien-Laferrière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

En la primera encrucijada de su vida, cuarenta años después de haber elegido la senda de la fotografía, en el mismo instante en que renunciaba a que fuera un marco de la mina, el antiguo fabricante de cintas se descubre una pasión fotográfica por Saint-Étienne, "ciudad vivaz y animada (...) a la que las industrias locales proporcionan un carácter pintoresco muy peculiar": uno no logra liberarse tan fácilmente de un código de apreciación estética que, con mayor arraigo, también es una forma de reconocimiento del mundo.
Las zonas mineras e industriales de la cuna de la primera revolución industrial francesa, propician particularmente lo que había logrado cautivarlo más que nunca: el estudio de los fenómenos atmosféricos, el paisaje arquitectónico o mineral, generado por la laboriosa actividad de los hombres, y la relación de la figura con éste.
Todo transcurre como si las anónimas siluetas de los obreros o de los recogedores hubieran llegado en el momento idóneo para alimentar, renovándola, esta "impresión (...) de una especie de drama oculto" que mejor marca la persistencia en su obra de la influencia de Ravier, y, por supuesto, esta sed obviamente inagotable, de pintoresco. ¿Además, cómo el pequeño pueblo de la ciudad negra, hubiese podido ocultar al objetivo de este burgués, que seguía siendo Thiollier, aunque no lo quisiera, el exótico encanto de su pobreza?

Félix Thiollier -Paysage de mine, Saint-Etienne
Félix Thiollier
Paysage de mine, Saint-Etienne, entre 1895 et 1910
Musée d'Orsay
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
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Si paulatinamente la fotografía se ha impuesto a Thiollier, más allá del proyecto de valorización de las riquezas naturales y arqueológicas locales, tal vez sea porque este industrial, convertido en gentleman farmer había desarrollado la intuición que el "arte de la máquina" (Delacroix) podría ser la forma de resolución, en imágenes, de esta tensión íntimamente vivida entre ambos mundos, rural y tradicional por un lado, industrial y contemporáneo, del otro, a los que pertenece.
La unión entre pintoresco y fotografía estaba sellada, y ya no se podía romper, hasta finalizar el proyecto entablado como editor del Forez pintoresco: aquella de la apropiación estética del territorio mental e identitario que representa, para él, el Forez, reconciliado con él mismo, en el ámbito de "la imagen industrial". La elección del medio, precisamente porque Thiollier le niega oficialmente cualquier legitimidad artística, tendrá sin embargo consecuencias.

Félix Thiollier-Un coin de jardin, Verrières
Félix Thiollier
Un coin de jardin, Verrières, 1907-1912
Paris, collection particulière
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Otorgando la superioridad creadora a la mirada, en lugar de la mano, la herramienta de reproducción mecanizada habrá fomentado la independización progresiva de su visión, cuyos atrevimientos iban a estallar en el color del autocromo: diez años antes que la fotogenia de las zonas industriales sea erigida como un credo del modernismo fotográfico, sus últimas imágenes exaltan estos nuevos lugares "sin calidad": los vertederos de metales, los baldíos y demás canteras abandonadas, como las ruinas del Forez moderno que se ofrecen a la mirada melancólica y sin complejos.

Biografía
1842
Félix Thiollier nace en Saint-Étienne, en una familia burguesa de fabricantes de cintas, arraigada a los valores del catolicismo social.
1847
Instalación de la familia Thiollier en París. Se contrata al abad Paul Lacuria como preceptor de sus hermanos mayores.
1851-52
Regreso de la familia Thiollier a Saint-Étienne. Ingreso en el instituto Saint-Thomas d'Aquin de Oullins, cerca de Lyon.
1858
Declarado admisible en el concurso para ingresar en la Escuela de Minas de Saint-Étienne, Félix Thiollier prefiere formarse a la fabricación de cintas. Se inicia a la fotografía, recibiendo tal vez ya a partir de esta época los consejos técnicos del profesional Stéphane Geoffray.
1867
Con 25 años de edad, funda su propia fábrica de cintas en Saint-Étienne.
1869
Gracias al pintor Henri Baron (primo de su padre) logra ingresar en el taller de Louis Français, lo que rechaza por motivos familiares.
1870
Matrimonio con Cécile Testenoire-Lafayette, hija de Claude-Philippe Testenoire-Lafayette, notario y erudito local, presidente de la Sociedad histórica y arqueológica del Forez, la Diana (1870-1879).
1873
Encuentro con el pintor de la región delfinesa Auguste Ravier. Pronto descarta la esperanza de dedicarse a la pintura.
1879
Decide vivir de sus rentas. Se convierte en miembro de la Diana.
1881
Publicación de la primera obra ilustrada de sus fotografías, La Poesía del alma del pintor Louis Janmot.
1885
Primera exposición de sus fotografías en los locales de la Diana en Montbrison, durante el 52° congreso de la Sociedad Francesa de Arqueología. Se convierte en miembro de esta asociación, que le otorga su medalla de plata.
1886
Publicación del Castillo de la Bastie d'Urfé y de sus señores.
1889
Publicación del Forez pintoresco y monumental. Como galardón por sus publicaciones ilustradas, recibe una medalla de plata en la Exposición Universal de París.
1894
Se convierte en miembro no residente del Comité de Obras Históricas y Científicas del Ministerio de Instrucción Pública.
1895
Recibe la Legión de Honor como fotógrafo.
1897
Recibe el título de conservador honorario del museo de arte y de industria de Saint-Étienne.
1900
Como galardón por sus publicaciones ilustradas, recibe una nueva medalla de plata en la Exposición Universal de París.
1902
Publicación de La Historia de Saint-Étienne de Claude-Philippe Testenoire Lafayette, ilustrada por Félix Thiollier.
1914
Félix Thiollier fallece el 12 de mayo en Saint-Étienne.
1917
Publicación de su biografía por Sébastien Mulsant.