Exposition au musée

Picasso. Azul y rosa

Del 18 Septiembre 2018 al 06 Enero 2019
Pablo Picasso
Nu sur fond rouge, 1906
Musée de l'Orangerie
Succession Picasso 2021 © RMN-Grand Palais (Musée de l'Orangerie) / Hervé Lewandowski
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Pablo Picasso-Autoportrait
Pablo Picasso
Autoportrait, 1901
Paris, Musée national Picasso-Paris
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau © Succession Picasso 2018

Picasso. Azul y rosa
En 1900, con dieciocho años cumplidos, Pablo Ruiz, que pronto firmará Picasso, lo tiene todo para ser un joven prodigio.
Su producción se reparte entre los cuadros académicos, para justificarse ante su padre, profesor que deseaba para su hijo una carrera de funcionario, y obras más personales, en contacto con la vanguardia barcelonesa.
La pintura de salón es la que le lleva a París: encargado de representar a su país en la sección española de pinturas en la Exposición Universal, presenta un gran lienzo, Últimos momentos, que recubrirá en 1903 con su obra maestra La Vida.
Se abre entonces un periodo de intensa creación marcada por las idas y venidas del artista entre España y la capital francesa. Entre 1900 y 1906, la obra de Picasso pasa progresivamente de una rica paleta de colores con acentos prefauvistas, que tanto debe al postimpresionismo de Van Gogh como a Toulouse-Lautrec, a los cuasi monocromos del « periodo azul », luego a las tonalidades rosas del « periodo de los saltimbanquis », y a las variaciones ocre de Gósol.
Por primera vez en Francia, la presente exposición abarca los periodos « azul » y «r osa » en su continuidad, más que como una sucesión de episodios separados. Se pretende poner de relieve la primera identidad artística de Picasso y algunas de sus obsesiones, constantes en su creación.

Pablo Picasso-Autoportrait en haut de forme
Pablo Picasso
Autoportrait en haut de forme, 1901
Collection particulière
© www.bridgemanimages.com © Succession Picasso 2018

« Las murallas más resistentes se abren a mi paso »
A su llegada a la estación de Orsay en octubre de 1900, Picasso se sumerge en la efervescente actualidad artística: descubre los cuadros de David y Delacroix, pero también los de Ingres, Daumier, Courbet, Manet y los impresionistas.
El joven pintor comparte con los artistas de su generación una profunda admiración por Van Gogh, como demuestra la transformación de su pintura en manchas de colores puros, meses después de esta primera estancia parisina.
Los autorretratos presentados conjuntamente en esta sala son reveladores de la forma en que el artista asimila y digiere las sucesivas influencias de los « maestros modernos »: en el verano de 1901, su Autorretrato con sombrero de copa rinde un último homenaje a Toulouse-Lautrec, a la vida nocturna y a los cabarets; en Yo Picasso, se presenta como nuevo mesías del arte: elegante, arrogante, provocador, rinde tributo a Van Gogh.
Siete meses más tarde, su Autorretrato azul remite de nuevo al pintor holandés, no tanto por su factura, sino por su postura, la de un genio incomprendido vestido de forma ridícula con una barba pelirroja. Su confrontación con el autorretrato que pinta a su regreso de Gósol en 1906 nos permite medir el camino recorrido por el artista en unos años. Picasso experimenta un nuevo lenguaje, limitando su paleta a tonos grises y rosas, reduciendo los rasgos de su rostro al óvalo de una máscara.

Pablo Picasso-Femme en bleu
Pablo Picasso
Femme en bleu, 1901
Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia
© www.bridgemanimages.com © Succession Picasso 2018

De Barcelona a París, huellas españolas
La revelación parisina de 1900 no es la única fuente de inspiración para el joven Picasso. Sus estancias en Málaga, Madrid, Barcelona o Toledo, entre dos viajes a París, dan muestra de su apego por España, y las obras que realiza en este comienzo de siglo evocan tanto el universo de los modernistas catalanes como el del Siglo de Oro.
Picasso participa de la febrilidad artística que se desarrolla en torno a algunos lugares y publicaciones de vanguardia españolas hacia 1900. En Barcelona, el joven artista se alimenta de la pintura de sus antepasados, Santiago Rusiñol o Ramón Casas.
Pasa gran parte de su tiempo en el cabaret Els Quatre Gats, lugar emblemático de la bohemia barcelonesa. A la vez taberna, sala de exposición y círculo literario, se funda siguiendo el modelo del célebre Chat Noir parisino.
Picasso inaugura allí el 1 de febrero de 1900 su primera exposición real, ocupando el espacio con unos ciento cincuenta retratos dibujados, ejecutados en unas semanas, y un óleo sobre lienzo, Últimos momentos que presentará poco después en la Exposición Universal de París de 1900.
En Madrid, donde se instala en el invierno de 1901 durante unos meses, la obra de Picasso oscila entre dibujos de ilustración en la línea modernista para la revista Arte Joven y una pintura más ambiciosa, impregnada de referencias a Velázquez (Mujer en azul).

Pablo Picasso-L'Attente (Margot)
Pablo Picasso
L'Attente (Margot), 1901
Barcelone, musée Picasso Barcelona
© Gasull Fotografia © Succession Picasso 2018

La exposición en la galería Vollard
Picasso llega por segunda vez a la estación de Orsay en la primavera de 1901, llevando en la maleta algunas pinturas al pastel y lienzos realizados en Madrid y Barcelona. El catalán Pedro Mañach convence a Ambroise Vollard, célebre galerista de la vanguardia parisina, para organizar una exposición de su trabajo a comienzos del verano: una hermosa oportunidad para un extranjero desconocido, que apenas hablaba francés.
En su taller, en el boulevard de Clichy, pinta sin descanso, hasta tres lienzos al día. Esta actividad frenética culmina en su mayoría en los 64 lienzos y algunos dibujos que se muestran en la exposición inaugurada del 25 de junio en la rue Laffitte.
Picasso es el contrapié perfecto del pintor con el que comparte los cimacios de la galería: a las « españoladas » del vasco Francisco Iturrino, responde con los temas típicos de la vida parisina, diurnos y nocturnos.
La exposición en Vollard cierra sus puertas el 14 de julio. Es un éxito de crítica y las ventas son respetables. Descubre al público parisino a un Picasso que se apropia y reinventa los estilos y los motivos de grandes artistas modernos, Van Gogh, Degas y Toulouse-Lautrec. Impresiona al joven poeta Max Jacob que quiere conocer al artista.

Pablo Picasso-Arlequin assis
Pablo Picasso
Arlequin assis, 1901
New York, The Metropolitan Museum of Art
© The Metropolitan Museum of Art, Dist. RMN-Grand Palais / image of the MMA © Succession Picasso 2018

Hacia el azul
Tras el éxito de la exposición Vollard, el otoño de 1901 marca para el joven pintor un periodo de retorno sobre sí mismo y una reorientación de su arte. En paralelo al ciclo de lienzos directamente relacionados con la muerte de Casagemas, firma un conjunto de obras desgarradoras marcadas sobre todo por la aparición de la figura de Arlequín.
Picasso termina su Arlequín, apoyado en la mesa del bistró, con un conjunto de lienzos con formatos y temas similares. Su iconografía toma prestadas a la vez las escenas de cafés parisinos de Edgar Degas o de Édouard Manet, y del mundo de los saltimbanquis que pronto invadirán su universo pictórico.
Pero Picasso retoma sobretodo la audacia de las composiciones en arabescos de Henri de Toulouse-Lautrec, tras enterarse de su muerte. Los contornos oscuros y los fondos de color le otorgan a los lienzos una « impresión de vitral » como destaca el crítico de arte Félicien Fagus en 1902.

Pablo Picasso-La mort de Casagemas
Pablo Picasso
La mort de Casagemas, 1901
Paris, Musée national Picasso-Paris
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau © Succession Picasso 2018

La muerte del amigo Casagemas
Carles Casagemas, hijo del cónsul norteamericano de Barcelona, se convierte en el verano de 1899 en íntimo amigo de Picasso. Comparte con él un taller en Barcelona antes de acompañarle a París en el otoño de 1900.
Su amor desdichado por una joven modelo le lleva a darse muerte el 17 de febrero de 1901 en un restaurante de Montmartre, tras haber disparado contra su amante sin alcanzarla. Picasso conoce la noticia cuando está en Madrid.
Varios meses después, de regreso en París, en el mismo taller en el que Casagemas pasó las últimas horas de su vida, el pintor se apropia de este acontecimiento trágico gracias a la pintura.
En verano, La Muerte de Casagemas, con su expresionismo fauvista y el espesor de la pasta, retoma como un post scriptum el estilo de su exposición en Vollard.
Los otros retratos del difunto ven cómo su paleta se tiñe del azul que Picasso introduce progresivamente en su pintura en otoño. Este color domina también el gran lienzo Evocación, última composición del ciclo, que retoma de forma paródica la división en dos registros de El entierro del conde de Orgaz del Greco, en un adiós teñido de ironía.

Pablo Picasso-Femme et enfant au bord de la mer
Pablo Picasso
Femme et enfant au bord de la mer, 1902
Hakone, The Pola Museum of Art
© www.bridgemanimages.com © Succession Picasso 2018

« La tristeza y el dolor »
En el otoño de 1901, Pablo Picasso acude a la prisión para mujeres de Saint-Lazare en París. Las detenidas son en su mayoría prostitutas, de cuales algunas están encerradas con sus hijos. Las mujeres que padecen enfermedades venéreas llevan en la cabeza un gorro como signo distintivo. Estas visitas son el punto de partida de una serie de lienzos sobre el tema de la maternidad durante los últimos meses del año.
De regreso a Barcelona a finales de enero de 1902, el artista continúa pintando figuras femeninas que forman tantas imágenes de la soledad y de la desdicha. El « periodo azul » hace eclosión, caracterizado por el uso dominante de ese color, los temas sentimentales y la búsqueda de una expresividad en la forma.
Los cuerpos femeninos, rígidos y solemnes, pesan bajo el peso de las curvas. Las maternidades son idealizadas y estilizadas. El gorro de las mujeres Saint-Lazare se transforma en capucha mientras que sus ropas se vuelven largas túnicas inspiradas de las pinturas del Greco.

Pablo Picasso-Tête de femme criant
Pablo Picasso
Tête de femme criant, 1903
Paris, Musée national Picasso-Paris
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Béatrice Hatala © Succession Picasso 2018

« Los azules del abismo »
Si el término de « periodo azul » evoca inmediatamente a la pintura, el arte de Picasso dista de limitarse a este medio. Cuadros, esculturas, dibujos y grabados proceden de las mismas búsquedas plásticas, de una misma búsqueda de expresión del dolor.
Entre la importante producción gráfica de 1902-1903, estas hojas, con pluma o lápiz, presentan a hombres y mujeres con cuerpos dolientes, enjutos, y muestran la maestría en una gran variedad de técnicas. Revelan la virtuosidad de un Picasso dibujante.
Los lienzos ofrecen múltiples variaciones de azules. Para Picasso, « era una necesidad interior pintar así », pero también se ha visto influenciado sin duda por su costumbre de trabajar de noche con una lámpara de petróleo.
En paralelo a sus representaciones trágicas de necesitados con los miembros deformados como en los cuadros del Greco, Picasso retrata a sus amigos barceloneses, posando sobre ellos una mirada benevolente y sarcástica alternativamente.

Pablo Picasso-La Célestine
Pablo Picasso
La Célestine
Paris, Musée national Picasso-Paris
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau © Succession Picasso 2018

Picasso erótico
De una vivacidad intensa, rozando la caricatura, los numerosos dibujos eróticos que Picasso realiza en París y Barcelona entre 1901 y 1903 suponen un contrapunto sorprendente a los lienzos graves y melancólicos de los miserables del periodo azul.
Prolongan su exploración del mundo fraudulento de los burdeles evocado en paralelo en pintura por las figuras de las prostitutas de la prisión de Saint-Lazare o por el retrato de La Celestina inspirado en Carlota Valdivia, encargada de un prostíbulo de Barcelona.
Estas obras, que durante mucho tiempo fueron confidenciales y que se esbozaron con rapidez en el reverso de las tarjetas de la empresa de su compañero Sebastià Juñer-Vidal, introducen una de las primeras constantes de la obra de Picasso: la conexión permanente del amor y de la muerte.

Pablo Picasso-La Vie
Pablo Picasso
La Vie, 1903
Cleveland, Cleveland Museum of Art
© Photo Scala, Florence © Succession Picasso 2018

La Vida
Ejecutada en la primavera de 1903, La Vida supone la culminación de las búsquedas plásticas de Picasso desde comienzos del « periodo azul ». Recubre Últimos momentos, la obra que se había presentado en la Exposición Universal de 1900.
Los numerosos esbozos y el estudio radiográfico del cuadro muestran la evolución de la composición y de los personajes. Si el hombre a la izquierda es primero un autorretrato, toma finalmente los trazos de Carles Casagemas, el amigo de Picasso que se suicida en febrero de 1901 por despecho amoroso. El artista también considera colocar un caballete y una figura alada en el centro.
El lienzo final ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Se suele percibir como una alegoría del ciclo de la vida, de la infancia – encarnada por el embarazo de la mujer – de la muerte – simbolizada por la figura en cuclillas en segundo plano, recordando las preocupaciones metafísicas de algunos artistas como Paul Gauguin.

Anonyme-Portrait de Picasso sur la place Ravignan, Montmartre
Anonyme
Portrait de Picasso sur la place Ravignan, Montmartre
Paris, Musée national Picasso-Paris
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau © Succession Picasso 2018

« Au rendez-vous des poètes »
Sin duda tras su instalación en el Bateau-Lavoir, en mayo de 1904, es cuando Picasso inscribe con lápiz azul, tras la puerta de su taller de Montmarte, esta fórmula programática: « Au rendez-vous des poètes » (La reunión de los poetas).
Picasso vive entonces en el seno de la colonia de artistas instalados en la Butte de Montmartre que cuenta con muchos de sus compatriotas como Paco Durrio, y se rodea de una constelación de amigos poetas como Max Jacob, Guillaume Apollinaire y André Salmon.
Estos últimos forman parte de sus primeros admiradores y le despiertan el gusto por la nueva poesía que impregna profundamente las obras del « periodo rosa ».

Pablo Picasso-Femme à la corneille
Pablo Picasso
Femme à la corneille, 1904
Toledo Museum of Art
© Toledo Museum of Art © Succession Picasso 2018

Hacia el rosa
Desde los primeros meses del año 1905, y en la línea de las obras ejecutadas en las primeras semanas de 1904, la gama de colores de Picasso se amplía.
Este paso, difuso, se opera en primer lugar sin mayores modificaciones del estilo de figuras, en las que el manierismo y las deformaciones expresionistas son comunes a las del « periodo azul ».
El artista ejecuta entonces numerosos lienzos inspirados en Madeleine, con la que mantiene una relación amorosa.
Estos retratos permiten seguir el abandono progresivo de la monocromía azul en beneficio de una paleta de colores matizada que va del rojo más vivo del traje de la >Mujer con corneja al blanco lechoso de la encarnación de la Mujer en camisa.
Durante el verano de 1905, el viaje a Holanda despierta en él una nueva atención por los trajes tradicionales y por los paisajes pintorescos. Los cuerpos exuberantes de las mujeres de Schoorl inspiran a Picasso un interés creciente por los efectos esculturales en pintura.

Pablo Picasso-Famille de saltimbanques avec un singe
Pablo Picasso
Famille de saltimbanques avec un singe, 1905
Göteborg, Göteborg Museum of Art
© Gothenburg Museum of Art / Photo Hossein Sehatlou © Succession Picasso 2018

Saltimbanquis
El ciclo de los Saltimbanquis, que se desarrolla simultáneamente en pintura, dibujo, grabado y escultura se extiende de finales de 1904 a finales de 1905.
Se distinguen dos temáticas principales: la de la familia, que escenifica la paternidad de Arlequín, y la del circo, al asociar al personaje de la commedia dell’arte, gráciles siluetas de acróbatas, bufones u organistas.
Estos dos enfoques convergen en la Familia de saltimbanquis con mono, un gran gouache que figura en la exposición de la galería Serrurier de febrero de 1905.
Inspiradas por la compañía de circo Médrano, situado en la esquina de la rue des Martyrs y del boulevard Rochechouart, estas composiciones se caracterizan por su gravedad.
Picasso no se interesa tanto por el espectáculo, que se suele dejar fuera del cuadro, sino por el otro lado del decorado, ese punto intermedio entre los mundos que reconcilia la trivialidad más ordinaria y la gracia más profunda.
Allí donde podríamos esperar movimiento, hay ligereza, alegría, y practica una pintura estática, compacta y melancólica que culmina en otoño con La Familia de acróbatas en el que trabaja desde la primavera. Esta gran obra maestra de 1905 pertenece a la colección Chester Dale, con unas condiciones de legado a la National Gallery of Art de Washington que no permiten que sea prestada.

Pablo Picasso-Le Meneur de Cheval
Pablo Picasso
Le Meneur de Cheval, 1905-1906
New York, Museum of Modern Art
The William S. Paley Collection, 1964
© Succession Picasso 2018 / Artists Rights Society (ARS), New York

Del rosa al ocre
A comienzos de 1906, la pintura de Ingres, a la que el Salón de Otoño de 1905 dedicó una retrospectiva, inspira a Picasso una gran composición que enseguida abandona, El abrevadero, del que procede directamente el Conductor de caballo, desnudo.
Un clasicismo naciente impregna entonces la producción del artista, mientras que el « periodo rosa » gira al ocre.
Estas tendencias se confirman con la estancia en Gósol entre mayo y agosto de 1906. Se opera en ese momento un encuentro singular entre su obra y el paisaje grandioso de ese pueblo aislado de los Pirineos catalanes.
En contacto con la escultura romana, y el arte ibérico – descubierto el invierno precedente en una exposición en el Louvre –, Picasso inicia un retorno a los orígenes, que acentúa todavía más su interés por la obra de Gauguin.
Con el transcurso de las semanas, vemos surgir, tanto en escultura como en pintura, fuertes simplificaciones de la forma y del espacio y se prefiguran y comienzan las revoluciones plásticas por venir. Con su autoridad intelectual y su apoyo financiero, Leo y Gertrude Stein favorecen y acompañan esta evolución en marcha.

Pablo Picasso-Nu sur fond rouge
Pablo Picasso
Nu sur fond rouge, 1905-1906
Paris, musée de l'Orangerie, collection Jean Walter et Paul Guillaume
© Photo RMN - Hervé Lewandowski © Succession Picasso 2018 © RMN-Grand Palais (musée de l'Orangerie) / Hervé Lewandowski / DR

El gran giro
En Gósol, Picasso emprende una nueva vía que debe tanto a la influencia de la Antigüedad mediterránea como al recuerdo todavía tenaz de la pintura de Ingres.
Allí, en la soledad de ese verano compartido con su compañera Fernande, emprende una primera crítica de la evasión sensual de El baño turco (1862) repitiendo una serie de obras alrededor del tema del peinado.
De vuelta a París en otoño, el artista vuelve a centrarse en un análisis casi exclusivo del cuerpo femenino al que dedica numerosas obras caracterizadas por el abandono de los procedimientos ilusionistas a favor de un lenguaje expresivo: construye por articulación formas esenciales y limita la paleta cromática a los colores ocre.
La emergencia progresiva de este vocabulario inédito supone una primera aplicación de la lección de geometrización de los volúmenes de Cézanne.
De ese laboratorio de la obra picassiana, en el que la relación experimental que se establece entre pintura, escultura y grabado juega un papel determinante, salen en verano de 1907 Les Demoiselles d’Avignon (Nueva York, Museum of Modern Art), que abren el telón de la gran aventura cubista.