Jean Rivière, Visión o Juana de Arco

Colecciones
sculpture, Jean Rivière, La Vision, en 1895
Jean Rivière
La Vision, en 1895
Musée d'Orsay
© Musée d'Orsay, dist. RMN Grand Palais / Sophie Crépy
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En un siglo apasionado por los «grandes hombres», Juana de Arco es sin duda la figura femenina que más ha inspirado a los artistas. Su trágico destino ya había fascinado a la generación romántica, pero fue realmente en el último cuarto del siglo XIX cuando se convirtió en una figura ineludible en la pintura, la escultura e incluso en las artes decorativas.
Todo este período está marcado por el largo proceso de su canonización, que se inició en 1869 y que no concluyó hasta 1920, tras su beatificación en 1909 y su proclamación como «venerable» en 1894.

Es en este contexto, en 1895, que Jean Rivière confecciona el gran medallón de bronce estañado. Este artista de Toulouse, proveniente de una familia de artesanos mobiliarios, se formó en escultura en la muy activa escuela de bellas artes de su ciudad natal. A pesar de que no obtuvo el Gran Premio municipal, que le hubiese permitido continuar su formación en París, tuvo una digna carrera como escultor, ebanista y profesor en Toulouse, creando un taller de madera en la Escuela de Bellas Artes, en 1907.

Images
sculpture, Jean Rivière, La Vision, en 1895
Jean Rivière
La Vision, en 1895
Musée d'Orsay
© Musée d'Orsay, dist. RMN Grand Palais / Sophie Crépy
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Rivière representa aquí a Juana de Arco como una joven de cabello largo y suelto, de perfil izquierdo; mira fijamente una flor de lis que se le aparece en un nimbo, cuyos rayos de luz forman una especie de medallón dentro del medallón, desbordando el marco de la obra. Detrás de ella, además de este símbolo que evoca la misión que Juana debe cumplir para salvar al rey de Francia, sobresalen otros tres medallones, que probablemente representan a santa Catalina, san Miguel y santa Margarita, cuyas voces afirmaba haber oído. Las fechas inscritas en la parte inferior, 1410-1431, corresponden a los supuestos años de su nacimiento y de su muerte.

No es la Juana de Arco guerrera que el artista ha decidido representar, a diferencia de algunos de sus contemporáneos como Emmanuel Fremiet, Paul Dubois o Frank Craig; tampoco es la modesta pastora de Domrémy, cuya imagen había sido difundida por Henri Chapu en 1872, y que gozó de una inmensa popularidad. Rivière se concentra aquí en la figura mística, como varios artistas pertenecientes a la corriente simbolista. Al igual que Eugène Carrière u Odilon Redon, Rivière se esfuerza por representar un equivalente plástico de las voces que escucha la joven, en forma de visiones que se le aparecen en un halo misterioso.