Donaciones en memoria de Bruno Foucart

Colecciones
Alexandre Séon, La Vierge à l'Enfant, vers 1905  ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Séon Alexandre, La Vierge à l’Enfant
Paris, musée d'Orsay, Vers 1905, Don de Jacques et Elisabeth Foucart en mémoire de Bruno Foucart, par l’intermédiaire de la Société des amis du musée d’Orsay et de l’Orangerie, 2021
©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

El museo acaba de recibir un conjunto de siete obras de la antigua colección del historiador del arte Bruno Foucart (1938-2018), donadas por el hermano de este último, Jacques Foucart, y su esposa, Élisabeth Foucart-Walter, a través de la Asociación de Amigos de los museos de Orsay y de la Orangerie.
La personalidad de Bruno Foucart es, en más de un sentido, inseparable del Museo de Orsay. Miembro y donante de la Asociación de Amigos del museo, fue también uno de los principales protagonistas de la rehabilitación de la arquitectura y las artes del siglo XIX en Francia, un movimiento que culminó con la creación del Museo de Orsay en 1977, y la clasificación como monumento histórico de la estación de Orsay en 1978.

Nacido en 1938 en Cambrai, antiguo alumno de la Escuela Normal Superior y profesor agregado de Letras, Bruno Foucart se formó en historia del arte junto con André Chastel y Jacques Thuillier, especializándose en el estudio de la pintura religiosa y la arquitectura del siglo XIX, desarrollando una tesis doctoral sobre el tema del resurgimiento de la pintura religiosa en Francia entre 1800 y 1860.
Habiéndose convertido en profesor universitario (enseñó en Dijon, en Nanterre, en la Sorbona y en la Escuela de Bellas Artes de París), formó a su vez a varias generaciones de jóvenes historiadores del arte del siglo XIX, y dirigió varias tesis.

Comprometido en la defensa del patrimonio arquitectónico religioso e industrial del siglo XIX, en un momento en el cual estaba siendo destruido, desempeñó un papel importante en el gabinete de Michel Guy, ministro de Cultura entre 1974 y 1976. Comisario de la exposición Viollet-le-Duc en el Grand Palais en 1979, y de la exposición dedicada a los hermanos Flandrin en el Museo de Luxemburgo en 1984, Bruno Foucart aparece periódicamente en la prensa para defender exposiciones dedicadas a artistas del siglo XIX desconocidos u olvidados.
De forma más general, estos trabajos constituyeron una verdadera reinterpretación del siglo XIX. Bruno Foucart milita en favor de una revaluación del espíritu ecléctico del siglo XIX, fustigando en ocasiones (por el puro gusto de la polémica), el dogmatismo de los modernistas. Estas mismas ideas motivan las compras realizadas por Bruno Foucart para su propia colección, como lo demuestra el conjunto de obras donadas al Museo de Orsay, combinando a artistas de renombre como Guillaumet y Barrias, con figuras cuyo valor ha sido reconocido más recientemente (como Séon), o que quedan en gran parte por explorar, como Lévy y su particular visión de la Comuna.

Las obras

Félix-Joseph Barrias
Estudio para Les Exilés de Tibère [Los exiliados de Tiberio] (1850)

Barrias, Félix Joseph
Barrias, Félix Joseph, Museo de Orsay©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Fotógrafo

Félix-Joseph Barrias obtiene el premio de Roma en 1844, por Cincinnatus recevant les députés du Sénat [Cincinato recibiendo a los diputados del Senado]. Permaneció en la Villa Médicis hasta 1849 y realizó numerosos dibujos en los jardines de las grandes villas romanas (Belvedere en el Vaticano, Borghese, Colonna, Negroni, Pamphili), y en las regiones italianas que visitó.
Este dibujo de rostro es un estudio para la figura de una niña del cuadro Los exiliados de Tiberio pintado por Barrias en Roma como una entrega de quinto año.

El cuadro, expuesto en la Villa Médicis en abril de 1850 y luego en el Salón del mismo año, permitió al artista obtener la medalla de primera clase. Fue adquirido por el Estado para el Museo de Luxemburgo al año siguiente. En el Salón es presentado con el siguiente comentario: «Tiberio, retirado en Capri, se entregaba a todo tipo de vilezas. No pasaba un solo día, sin exceptuar los días festivos, que no estuviese marcado por los suplicios. Condenaba sin distinción a las esposas e hijos de los acusados. Eran trasportados a islas donde el fuego y el agua les estaban prohibidos» (Suetonio, Vida de los doce Césares).

Se conservan varios bocetos de esta pintura, en acuarela y óleo, en particular en la Academia de Francia en Roma y en el Museo de Cosne-Cours-sur-Loire.
En este bello estudio en lápiz negro y sanguina, el cuidado por las proporciones y la simetría del rostro, la importancia otorgada a la línea del contorno, y el trabajo de modelado, dan testimonio de una práctica académica del dibujo, inspirada en un modelo idealizado. En el cuadro, la expresión está más dada por el movimiento y los gestos de las figuras, que por sus rostros: por ello, ni el miedo ni el dolor afectan a este rostro de grandes ojos negros, casi impasibles, con una expresión convenida, de un belleza marmórea a pesar del uso de la sanguina.

Gustave Guillaumet
Estudio para la Famine en Algérie [Hambruna en Argelia] (1869)

 

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Gustave Guillaumet, Estudio para la Hambruna en Argelia, 1869 ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Gustave Guillaumet (1840-1887) fue a la vez «testigo de la conquista de Argelia por Francia, y de la colonización que se intensificó durante la Tercera República; observador atento y visionario, con un estrecho contacto con las poblaciones más modestas de los douares, pueblos y ksours, caminante maravillado por el color y la luz de los inmensos paisajes, y un pintor y dibujante destacado.» (Marie Gautheron, La Argelia de Gustave Guillaumet). Figura emblemática del orientalismo francés, fue uno de los primeros artistas en haber recorrido intensamente Argelia, país al cual dedica prácticamente toda su obra. Propone una nueva mirada a este país, interesándose por la vida cotidiana, los niños, y el trabajo de las mujeres y los hombres del pueblo.

En 1869 presentó en el Salón La Famine en Algérie [La Hambruna en Argelia] (Constantina, Museo Nacional de Cirta), un gran cuadro en la tradición de la pintura histórica. A partir de 1866, las epidemias de hambruna causan estragos en ciertas regiones de Argelia, y la hambruna del invierno de 1867-1868 fue particularmente mortal. «Debilitadas por el despojo de sus tierras y la pérdida de la solidaridad tradicional, las poblaciones rurales son las más afectadas; muchas tratan de encontrar ayuda en las ciudades, como lo muestra La Hambruna» (op. cit.). Esta situación de extrema urgencia es difundida por la prensa francesa, y el cuadro de Guillaumet se convierte en «una pintura histórica sumamente actual, que conmociona a los espectadores».

La pintura presenta trece figuras de tamaño natural, en el espacio limitado de una arquitectura abovedada. El dibujo ofrecido como donación es un estudio a escala reducida del hombre de mediana edad que sostiene al joven moribundo acurrucado junto a un anciano famélico que reza su rosario, del cual solo puede verse la silueta.
Este grupo de hombres desnudos luchando contra la muerte es un homenaje a los Pestiférés de Jaffa [Apestados de Jaffa] de Gros, a Radeau de la Méduse [La balsa de la Medusa] de Géricault, y a Delacroix, utilizando las mujeres de la Scènes de massacre de Scio [Masacre de Quíos] en La Hambruna. Ambos cuerpos se responden plásticamente, en una simetría casi perfecta: los dos bustos arqueados y huesudos, los brazos plegados y escuálidos, los rostros enflaquecidos, con miradas desorbitadas, refuerzan, a través de su repetición la lúgubre impresión de agonía.

El Museo de Orsay, que cuenta con una colección de referencia de la obra gráfica de Guillaumet (116 dibujos), conserva dos grandes estudios para La Hambruna, conocidos como La Misère [La Miseria] (los cuerpos moribundos de una joven y su hijo pequeño, en primer plano), y La Peste (el grupo de fondo, intentando agarrar un trozo de pan a través de una ventana); grandes dibujos a carboncillo, con realces en blanco y sanguina; completados a la perfección con el dibujo de la donación Foucart: gracias a ella, se han reunido los estudios de los tres grandes grupos de la obra. Los dos grandes dibujos de Orsay se distinguieron en la exposición de Guillaumet en el Museo de La Piscine en Roubaix en 2019.

Henri Lévy
La Commune [La Comuna] (1871)

La Comuna, Lévy, Henri
La Comuna, Lévy, Henri, Museo de Orsay ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Photographe

La Comuna es una obra poco conocida y muy original dentro de la producción del pintor de historia Henri Lévy (1840-1904), un artista cuya biografía es aún poco conocida. Nacido en Nancy, Lévy fue alumno de François-Édouard Picot y Alexandre Cabanel en París, pero consideraba a Eugène Fromentin como su verdadero maestro. Aunque fracasó varias veces en el concurso del Premio de Roma, el artista ganó varias medallas en el Salón por grandes pinturas religiosas (la mayoría inspiradas en el Antiguo Testamento, ya que era judío), de estilo neoclásico romántico, algunas de las cuales fueron adquiridas por el Estado, que alienta sus esfuerzos.

Lévy se convierte rápidamente en uno de los pintores más importantes de grandes decoraciones durante la República, destacándose con sus obras del Panteón, el ayuntamiento del distrito 6 de París, y el ayuntamiento de Dijon. En 1900 el artista recibió una medalla de oro en la Exposición Universal y fue elegido miembro del Instituto.

Esta pintura es un testimonio fascinante y particular de las diversas formas en que los artistas franceses reaccionaron ante el trauma de la Comuna de París, esa «revolución sin imágenes» (Bertrand Tillier).

En efecto, a pesar de que ignoramos el rol que desempeñó Lévy durante el «Año terrible», ni dónde vivió precisamente durante la guerra civil (18 de marzo - 28 de mayo de 1871), esta pintura, realizada durante o justo después de los hechos, refleja un fuerte sentimiento anticomunero. Mostrando los «desastres de la guerra», esta pintura representa alegóricamente al gobierno revolucionario de la Comuna de París, a través de una mujer hirsuta y descarnada, con gorro frigio y sosteniendo la bandera roja del socialismo, elevándose sobre una pila de cadáveres y escombros, entre los que se observa un crucifijo y una bandera francesa, y una multitud excitada por la violencia. Si bien Lévy se inspira de la iconografía revolucionaria del siglo XIX, especialmente del ejemplo de Delacroix, la obra pretende mostrar una visión pesadillesca de la Comuna, en lugar de representar la realidad de los acontecimientos.

Esta pintura nunca fue expuesta, y permaneció en la colección del artista hasta su muerte. Posteriormente, fue presentada al público una única vez, durante la venta del fondo de taller de Lévy en 1905.

Alexandre Séon
La Vierge à l’Enfant [La Virgen con el Niño] (hacia 1900-1905)

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Alexandre Séon, La Virgen con el Niño, hacia 1905 ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Nacido en Chazelles-sur-Lyon (Loira) en 1855, Alexandre Séon se instaló en París en 1877. Allí estudió en la Escuela de Bellas Artes, donde conoció al pintor Pierre Puvis de Chavannes, quien se convirtió en su modelo y mentor. Habiendo entablado amistad con el «Sar» Joséphin Péladan, un eminente personaje de los círculos simbolistas esotéricos franceses, Séon fue uno de los fundadores del Salón de la Rosa+Cruz en 1892, afirmándose gradualmente como una figura importante del «simbolismo idealista».
En 1896 expuso junto a Armond Point, Carlos Schwabe, Lucien Lévy-Dhumer y Fix-Masseau en la exposición «Artistas del Alma», en la galería La Bodinière de París.

A lo largo de la década de 1900, el artista continuó trabajando intensamente en obra en torno a la expresión del ideal, desvinculándose del simbolismo, para alcanzar una forma de clasicismo inspirado en la obra de los maestros del Renacimiento italiano, como lo demuestra esta Virgen con el Niño, creada entre 1900 y1905, y que evoca la obra de Leonardo da Vinci y las vírgenes de Giovanni Bellini.

Casi monocromática, y dominada por la pureza de la línea, la gracia de los gestos y un cierto gusto por el vacío y la abstracción, la composición pintada tiene todas las cualidades de un dibujo, el acto artístico por excelencia según Séon.

El paisaje de playa y rocas del fondo fue identificado como el de las costas de la isla de Bréhat (Costas de Armor), donde el artista reside parte del año a partir de 1894. Allí, Séon encuentra «la decoración de la Mona Lisa en tonos rojos», en palabras de Péladan, que incorpora a su obra luego de un importante trabajo de estilización de las formas.

Alexandre Séon
Le Christ en croix [Cristo en la cruz] (vers 1905)

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Alexandre Séon, Cristo en la cruz, hacia 1905 ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Alexandre Séon, pintor simbolista, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Lyon, y tenía la intención de convertirse en decorador. Ganó el concurso del Ayuntamiento de Courbevoie para la decoración de la Sala de bodas (paneles alegóricos de las 4 estaciones). Durante su estancia en París, a partir de 1877, se inscribió en la Escuela de Bellas Artes con el profesor Henri Lehmann, donde conoció a Georges Seurat, quien se convertiría en su amigo. Entabla amistad con Joseph Péladan, fundador de la Orden Cabalística de la Rosa-Cruz, que defiende una concepción onírica y mística del arte.

Cristo en la cruz es un estudio para la decoración de la capilla del castillo de L'Orfrasière, encargada al artista por la condesa Robert de Wendel.
Fleury Gromollard, sobrino de Alexandre Séon, donó el dibujo de Cristo en la cruz al Instituto Católico de París en 1920. Posteriormente, Bruno Foucart se convirtió en el propietario.

Alexandre Séon
Étude de mains [Estudio de manos] (hacia 1902-1904)

, Séon Alexandre
Alexandre Séon, Estudio de manos, hacia 1902-1904 ©Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

El pequeño estudio de manos entrelazadas en posición de oración es probablemente un estudio para las manos de La fille de la mer (île de Bréhat) [La hija del mar (isla de Bréhat)], una pintura que se encuentra en una colección privada.