Maurice Denis, «Le Christ vert» [El Cristo verde]

Colecciones
tableau, Maurice Denis, Le Christ vert, en 1890
Maurice Denis
Le Christ vert, en 1890
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
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Durante la vida de Maurice Denis, su obra maestra Le Christ vert [El Cristo verde] solo se mostró públicamente a sus visitantes, aunque tal vez circuló durante alguna de las reuniones de los Nabis.

 

La vocación artística y el sentimiento religioso son inseparables en Denis. Pintado en 1890, El Cristo Verde es la culminación de un período de cuestionamientos personales: el joven artista deseaba seguir los pasos de Fra Angelico y convertirse en monje-pintor, pero el descubrimiento de la vida de taller, "con su frivolidad y su libertinaje", lo sumerge en un profundo dilema. En 1889 encuentra el camino que le permite combinar al Claustro con el Taller: «Creo que el arte debe santificar la naturaleza; creo que la visión sin el Espíritu es vana; y es la misión del esteta honrar la belleza del mundo, representándola a través de iconos perdurables».

 

Esta pintura pertenece a un grupo de representaciones de pequeño formato, creadas en referencia al tema de la Crucifixión durante este periodo de inflexión. Combinan la inspiración crística con una experimentación plástica sin precedentes, alcanzando en este caso un nivel de abstracción inigualado en la carrera de Denis.

 

La fuerza de la obra radica en su naturaleza simple y misteriosa. La figura de Cristo ocupa la mayor parte de la composición. Se destaca sobre una cruz amarilla, delante de un fondo de un intenso color rojo. Abajo, diferentes matices amarillos sugieren siluetas: ángeles recogiendo la sangre de Cristo, u orantes o procesionistas en torno a la cruz. La vegetación del primer plano sugiere la idea del Paraíso. Se observa una flor blanca, símbolo de resurrección y salvación. El tema es, por lo tanto, más complejo de lo que parece, ¿es una escena de crucifixión, o la representación de un crucifijo o un calvario? El universo terrestre se confunde con el celestial.

 

Los escasos colores y las líneas no cumplen una función descriptiva, sino que operan como «equivalentes plásticos» capaces de crear una respuesta emotiva. Los amarillos evocan los fondos dorados de los íconos, pero especialmente de los pintores Primitivos y de Fra Angélico. El amarillo también evoca lo sagrado y la luz que emana de Cristo. El verde es el color de la liturgia y de la esperanza, y aquí está asociado, al igual que en la obra Les Arbres verts [Los árboles verdes] (1893, Museo de Orsay), a la espiritualidad.

 

El Cristo verde es sin duda la más radical de las obras del artista y, como tal, no tiene equivalente entre sus pinturas ni en el arte de finales del siglo XIX. Su adquisición enriquece la colección de pinturas Nabi y posimpresionistas del Museo de Orsay, la más completa del mundo, y permite reafirmar el protagonismo de Maurice Denis y de los Nabis en una historia de vanguardias y modernidades, en la cual recién encontraron su lugar a partir de la década de 1960.

tableau, Maurice Denis, Le Christ vert, en 1890
Maurice Denis
Le Christ vert, en 1890
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
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