Roderic O'Conor, «Garçon breton de profil» [Niño bretón de perfil]

Colecciones
tableau, Roderic O'Conor, Garçon breton de profil, en 1893
Roderic O'Conor
Garçon breton de profil, en 1893
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
See the notice of the artwork

 

El Establecimiento público de los Museos de Orsay y de la Orangerie se complace en anunciar la adquisición de la obra Niño bretón de perfil, del pintor irlandés Roderic O'Conor, gracias al generoso apoyo de la Asociación de Amigos de los museos de Orsay y de la Orangerie (SAMO). El cuadro se presenta al público en la galería Françoise Cachin de la quinta planta.

 

Procedente de una familia burguesa, O'Conor se instala en París en 1887 para estudiar en el taller de Carolus-Duran, y probablemente visitó Pont-Aven por primera vez ese mismo año. En 1891 se instala durante unos meses en el pueblo bretón, donde conoció al suizo Cunio Amiet y al pintor inglés Eric Forbes-Robertson. La influencia de este viaje, siguiendo los pasos de Paul Gauguin, se refleja en una marcada evolución estilística del artista, que se orienta posteriormente a las búsquedas sintéticas. O'Conor todavía se encontraba en Pont-Aven durante el último viaje de Gauguin a Bretaña, en 1894. Su amistad comienza en ese momento.

 

El encuentro con Emile Bernard constituye otro hecho fundamental para comprender la evolución de la pintura de O'Conor. Bernard fue una suerte de catalizador para el desarrollo de su arte, en particular al presentarle la obra de Van Gogh. O'Conor permanecerá en Bretaña durante más de diez años. Deja definitivamente la región en 1904, alejándose gradualmente de la influencia de Gauguin, para retomar un estilo más académico.

 

, O'Conor, Roderic
Roderic O'Conor
Garçon breton de profil, en 1893
Musée d'Orsay
© Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
See the notice of the artwork

 

Fechado en 1893, Garçon breton de profil [Niño bretón de perfil] pertenece al período más singular y sin duda más interesante de la carrera de O'Conor. Esta obra se destaca incluso entre la gran colección de paisajes y retratos realizados entre 1891 y 1893. Si bien el artista se ubica aquí en un movimiento que ya es tradición entre las comunidades de artistas en Bretaña (el de la representación de bretones con trajes típicos), es uno de los primeros en tratar el modelo masculino, suprimiendo la representación anecdótica de la vestimenta.

 

En este retrato, como en otras cuatro obras que representan a un niño, se desconoce la identidad de los modelos. Estas figuras, representadas fuera de contexto, pretenden ser una suerte de arquetipo del mundo campesino. Alfred Jarry los describe en estos términos: «[...] cada uno elige al menos una belleza especial, lo más cercana de sí. De esta forma [...] O'Conor, cuyos modelos le son sugeridos a la hora de la siesta por los transeúntes locales de la plaza triangular, desdeña un poco la elección, creyendo que el pintor, fuera del tiempo, no debe preocuparse por el lugar y el espacio».

 

Niño bretón de perfil se distingue de otras pinturas de jóvenes campesinos por su gran radicalismo formal. El artista juega con la complementariedad de los colores, y yuxtapone grandes franjas sin ninguna difuminación entre las distintas tonalidades.

El modelado se obtiene únicamente por efecto óptico, quebrando la orientación de las bandas de colores y realizando claros cortes entre los tonos. Como ejemplo de esto, el contraste de la luz en el rostro del niño es particularmente instructivo. Solo un ligero contorno verde permite distinguir el rostro del fondo de la pintura, elaborado íntegramente con los mismos procesos. La fuerza visual del conjunto confiere a esta pintura una gran expresividad y un asumido carácter decorativo.

 

Roderic O'Conor es un artista muy raro en las colecciones públicas de todo el mundo. Los museos franceses conservan principalmente obras gráficas, dibujos o grabados (Rennes, Quimper, Pont-Aven y Orsay). Esta adquisición es una oportunidad excepcional para enriquecer las colecciones nacionales.