Musée d'Orsay: Amaury-Duval Madame de Loynes

Amaury-Duval
Madame de Loynes

Madame de Loynes
Amaury-Duval (1808-1885)
Madame de Loynes
1862
Huile sur toile
H. 100 ; L. 83 cm
© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Madame de Loynes


Cuando Amaury-Duval realiza su retrato, la condesa de Loynes todavía es "Jeanne de Tourbey", nombre de guerra de Marie Anne Detourbay.
Hija de obreros de Reims, supo sacar partido de su belleza y de su espíritu para conquistar París y abrir, gracias a su amante el príncipe Napoleón, uno de los brillantes salones literarios del Segundo Imperio al que acudían Sainte-Beuve, Taine, Renan, Dumas y Flaubert quien admiraba su "gracia de pantera y [su] espíritu de demonio".

Para hacer justicia a semejantes encantos, Amaury-Duval hace alarde de todos los conocimientos heredados de los retratos de su maestro Ingres: engarzado en un marco de cojines de seda amarilla dorada, el brillante vestido de tafetán negro, prolongado por el fondo de cortina violáceo y el cabello negro azabache, proporcionan al rostro el lustre opalino de un claro de luna. La mirada hipnótica y sombría de sus ojos grises, enmarcados por pendientes de estilo neogriego, pone de relieve obviamente el "admirable talento para escuchar" del modelo.
Pero, comparable con la mirada de la condesa de Castiglione en sus autorretratos fotográficos, esta puesta en escena también introduce el hechizo cautivador de la mujer-esfinge, enigmática y fatal, que tendrá mucho éxito con los simbolistas de finales de siglo.

Dejemos al crítico Emile Cantrel la facultad de concluir: "Existe un mundo y un 'demi-monde' en esos ojos."


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