Musée d'Orsay: Joris-Karl Huysmans, crítico de arte De Degas a Grünewald, bajo los ojos de Francesco Vezzoli

Joris-Karl Huysmans, crítico de arte De Degas a Grünewald, bajo los ojos de Francesco Vezzoli

Huysmans De Degas A Grünewald

pastel
Jean-Louis ForainJoris-Karl Huysmans© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
De Joris-Karl Huysmans (1848-1907), nuestra época lee sobre todo Contra natura y lo encasilla en ella. Publicado en 1884, este retrato tragicómico de un esteta que rompe con un presente desgraciado, y fracasa en vivir solo de sensaciones de arte, tan raras como inmortales, no puede resumirlo todo de su autor y de sus luchas. Sin desatender el novelista, aquí se trata sobre todo del cronista y crítico de arte.

Tras comienzos discretos, a finales del Segundo Imperio, le acapara cada vez más la actualidad artística, a partir de 1876. Ya sea con motivo del Salón Oficial y de la pintura académica, o de exposiciones de los "artistas independientes", de Bouguereau, Manet o de los impresionistas, manifiesta una virulencia y una lucidez que sorprenden o escandalizan sus contemporáneos.




Edouard Manet 
 (1832-1883)
 Stéphane Mallarmé
 1876
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 27,5; Anch. 36 cm.
 París, museo de Orsay, adquirido mediante el apoyo de la Sociedad de los Amigos del Louvre y D. David Weill, 1928
Edouard ManetStéphane Mallarmé© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
Sin embargo, sus libros, de El arte moderno (1883) a Tres Primitivos (1905), pasando por Algunos (1889), no reflejan un pensamiento prescriptivo, con un único fin, sino más bien los matices de un hombre al margen de los partidismos. En 1886, Huysmans declara: "En el fondo, estoy tanto a favor del arte del sueño como del arte de la realidad; y si lancé Raffaelli en pintura, también hice lo mismo con su antípoda, Odilon Redon". Al maniqueísmo, prefiere los gozos complementarios, desconcertantes, incluso cuando la defensa del arte sacro lo acerca de la Iglesia.

El artista Francesco Vezzoli se ha asociado a los comisarios de esta exposición, y a su recorrido en tres grandes momentos, imaginando tres espacios definidos por un color, blanco, rojo y negro, en los que integra algunas de sus producciones, como respuestas personales al universo estético de Huysmans.

 

Es bueno decir cualquier verdad

Edgar Degas 
 (1834-1917)
 Dans un café, dit aussi L'absinthe [En un café, también llamado La absenta]
 1873
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 92; Anch. 68,5 m.
 París, museo de Orsay, legado del conde Isaac de Camondo, 1911
Edgar DegasEn un café© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
A partir de su primer artículo, en 1867, y hasta sus últimos escritos, Huysmans abarca el arte y los artistas como baluartes erigidos contra una sociedad que considera desprestigiada y degradante. Nacido y educado en la admiración de los viejos maestros holandeses, él mismo ha dado un testimonio del choque decisivo que fue el descubrimiento de Degas en la segunda exposición impresionista de 1876.

El artista de la conmoción se beneficiará de un estatuto particular en su crítica de arte, así como Manet, Caillebotte, Forain y Raffaelli. La lección de Baudelaire, que reivindicaba pintores "de la vida moderna", ha sido más que escuchada, se ha convertido en un credo.







Henri GervexRolla© RMN-Grand Palais / A. Danvers
Para el novelista naturalista que fue Huysmans, cercano de Zola, la pintura debe expresar la realidad de forma franca, expresiva, incluso mordaz. El arte "moderno" es desvelar la verdad. Al contrario, las obras de Cabanel y Gérôme, calificadas de "remilgos" o las de Bouguereau siguen estando sujetas a un arte considerado como dulzón, falso y nefasto.

Blanco.

Este espacio diseñado como un "white cube", característico del arte contemporáneo, proyecta la lucidez de Huysmans crítico de arte en nuestra época. Simboliza este momento en el que las obras adquieren un estatuto de obra maestra y el escritor el rango de profeta.

 

Un espejo de doble cara

L'Apparition [La aparición]
 Acuarela
 Alt. 106; Anch. 72,2 cm.
 París, museo de Orsay, conservado en el departamento de Artes Gráficas del museo del Louvre
 Donación de Charles Hayem, 1898
 RF 2130
Gustave Moreau La aparición© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean-Gilles Berizzi
De Contra natura (1884) a Algunos (1889) se afirma el deseo de transgredir los límites que imponía el naturalismo militante de los años anteriores: Huysmans sustituye el materialismo fisiológico por un fisiologismo y un psicologismo, pesimistas, así como por un espiritualismo incipiente, que vincula con la obra de Gustave Moreau y de Odilon Redon y, posteriormente, con la de Grünewald.

La Aparición de Moreau que descubre en el Salón de 1876 fue una revelación. A lo largo de una genial relectura del Evangelio de Mateo, el tema de la insaciable Lujuria, en plena polémica impresionista, transmite el manifiesto de una pintura de la subjetividad y del misterio.

Pierre Puvis de ChavannesLas jóvenes al borde del mar© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
El imperativo de verdad, propio del naturalismo, persiste para Huysmans, interiorizándose. Pintar sinceramente el presente y abstraerse de él, no se ve como una contradicción. Aunque Des Esseintes, el héroe de la novela Contra natura, procure optar por un retiro que implica el retroceso de los pintores de la vida moderna, el realismo no es ajeno a la seducción que ejercen en Huysmans las Armonías de Whistler o los Desastres de Goya.

A este panteón alternativo, Redon, a partir de 1882, aporta la luz negra de una ensoñación sin límites.

Rojo.

La casa de Des Esseintes, imaginada por Huysmans en Contra natura inspiró uno de sus seguidores italianos, Gabriele D'Annunzio, hasta el punto de transponerla en su villa. El papel pintado fotográfico de esta sala evoca esta transposición arquitectónica. En medio de este mundo fantasmagórico surge otro personaje mítico de la novela recreada por Francesco Vezzoli, una tortuga cuya muerte simboliza el final de la utopía decadente.

 

Del culto del arte al arte del culto...

pastel
Félicien RopsMujer con quevedos© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Gérard Blot
La fórmula, tentadora, pero engañosa, opone dos posiciones estéticas que nunca fueron tan rotundas en Huysmans. El escritor naturalista, el adalid irónico del espíritu decadente y el converso tardío al catolicismo, convertido en el ferviente defensor de la espiritualidad en el arte, no son separables.

Degas y Grünewald no encarnan los límites de una lenta regresión, que la obra de la Gracia hubiera contribuido a fijar. El retablo de Issenheim de comienzos del siglo XVI, mediante la reevaluación que propone el escritor a comienzos de un siglo XX tan indecoroso como el anterior, responde a las necesidades de un "naturalismo espiritualista" reivindicado desde el comienzo de la década de 1890.

Igual que la Pequeña bailarina de Degas remite, para él, al Cristo hiperrealista de la catedral de Burgos, la Crucifixión de Grünewald agrega a su realismo la dimensión sobrenatural propia de Redon o de Rops.

cuadro
Odilon RedonCristo en cruz© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
La originalidad, virtud cardenal de cualquier proceso estético, provoca una promoción del original. ¿Era posible un nuevo arte sacro en la memoria de los Primitivos? Huysmans, cercano de Dulac y de algunos artistas cristianos más, quiso pensarlo así.

Negro.

En una atmósfera de capilla, la instalación de Francesco Vezzoli hace sentir la experiencia de la conversión vivida por Huysmans y aquella de la Encarnación, finalidad estética tanto como religiosa.