Musée d'Orsay: Manet, inventor de lo Moderno

Manet, inventor de lo Moderno

Henri Fantin-Latour (1836-1904)
 Hommage à Delacroix [Homenaje a Delacroix]
 1864
 Óleo sobre lienzo
 Alt. 160; Anch. 250 cm.
 París, museo de Orsay, donación de Etienne Moreau-Nélaton, 1906
Henri Fantin-LatourHomenaje a Delacroix© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Hablando de modernidad

De un cierto modo, esta exposición surgió de un cuadro: El homenaje a Delacroix que Fantin-Latour muestra en el Salón de 1864, un año después de que fallezca el maestro. En él vemos a Manet, el gran rechazado del Salón de 1863, con su El Almuerzo sobre la hierba, en buena compañía, erguido entre Champfleury y Baudelaire: Por un lado, el hombre de Courbet, del otro, el campeón de Delacroix. ¿Manet sería entonces este pintor que combinó realismo y romanticismo?

Edouard ManetAlmuerzo sobre la hierba© RMN -Grand Palais(Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
La atractiva hipótesis de Fantin-Latour, no apelaba más que a ser profundizada y a ampliarse. Esto es lo que proponen las nueve secciones del recorrido, arrancando Manet a las posteridades dudosas. Ya no podemos limitarnos a presentar Manet como el supuesto padre del impresionismo, o de la pintura pura, por no hablar de la abstracción.

El golpe que genera el fulgor de Manet, a comienzos de los años 1860, su constante evolución en las décadas siguientes - del hispanismo militante de los inicios, al naturalismo desviado de los últimos lienzos -, su determinación para revolucionar la pintura de historia en el espacio público, en el que toma su sentido, he aquí perspectivas más ajustadas al genio "moderno" de Manet, hablando de modernidad.

Thomas CoutureRetrato de Amédée Berger© Musées de la Ville de Rouen. Photographie C. Lancien, C. Loisel.

La elección de Couture

Para exaltar aún más la radicalidad de Manet, sus primeros biógrafos – Zola a partir de 1867 - le han cortado de sus raíces. Quedaba patente que no había aprovechado nada de sus años de formación (finales de 1849-1856) en el taller de Thomas Couture. Fue tras fracasar en el concurso de ingreso para la Academia Naval que Manet, hijo de alto funcionario, integra el taller del pintor de los Romanos de la decadencia (París, museo de Orsay).
Couture no estaba entonces considerado como un "pompier", entre otros. Pasa más bien por ser el heredero de Rubens y de Ribera, de Gros y de Géricault, en más académico...

Edouard ManetEl niño con la espada© The Metropolitan Museum of Art, Dist. RMN-Grand Palais / image of the MMA
A este amigo de Michelet, la Segunda República le hizo casi su pintor oficial. Cuando Manet se une a él, Couture se desloma para finalizar una gran página patriótica, El alistamiento de los voluntarios de 1792 ((¿en torno a 1848, Beauvais, museo departamental del Oise), que electriza una inspiración realista, más presente en los estudios preparatorios.
Manet se mostró, tan sensible a la franqueza sintética del retratista, como al sentimentalismo de sus figuras de adolescentes, soñadores o rebeldes. Pero las copias a partir de Delacroix y del Niño con espada (1861, Nueva York, Metropolitan Museum of Art), orientadas hacia Velázquez, dejan adivinar otros apetitos.

Edouard ManetLa amante de Baudelaire© Szépmővészeti Múzeum, Budapest. Photo András Fáy.

El momento Baudelaire

No sabemos cuando nació "la fuerte simpatía" que acercó Manet de Baudelaire, hasta la muerte del poeta de las Flores del mal en 1867.
Desde sus primeros artículos sobre el Salón, y su desesperante rutina, el autor trabaja en convertir el romanticismo en modernidad, que sería para las artes visuales lo que Balzac había sido para la novela.

Edouard ManetLa cantante callejera© 2010 Museum of Fine Arts, Boston
Importa poco que Baudelaire no haya reconocido abiertamente en Manet "el pintor de la vida moderna", utilizando la fórmula que aplicó en 1863 al brillante dibujante de prensa Constantin Guys.

En cuanto surge Victorine Meurent, modelo privilegiado de Manet, en sus cuadros, cantante venida a menos La cantante callejera (1862, Boston, Museum of Fine Arts) o desnudo impúdico en Olympia y El desayuno sobre la hierba (1863, museo de Orsay), el pintor encuentra la forma de hablar al presente, y de mezclar al nuevo prosaísmo de sus temas, la instantaneidad de la fotografía y la profundidad de la pintura antigua...
Esto basta para que le acusen de blasfemia y de ultraje a todas las tradiciones. Sin embargo Manet, que se sabe el Louvre al dedillo, reivindica la herencia de los grandes maestros y trata temas de moda, de las bailarinas españolas hasta la intimidad de la alcoba.

Edouard ManetEl Cristo con ángeles© The Metropolitan Museum of Art, Dist. RMN-Grand Palais / image of the MMA

¿Un catolicismo sospechoso?

A partir de 1864, un año después del Salón de los Rechazados, nuevo golpe: Manet expone su Cristo con ángeles (New York, Metropopolitan Museum of Art) contrario a todos los usos de la pintura religiosa. Sus modelos proceden de Italia (Fra Angélico, Andrea del Sarto) o de España (Greco, Velázquez, Goya), como en su amigo y rival Legros.

Edouard ManetUn monje orando© 2010 Museum of Fine Arts, Boston
Baudelaire, de cultura católica como ellos, ha apoyado sus esfuerzos en un género tan controlado como el desnudo femenino. En 1859, hablando de Delacroix, había podido escribir que "la religión siendo la mayor ficción del espíritu humano [...], reclama, por parte de aquellos que se dedican a la expresión de sus actos y de sus sentimientos, la más vigorosa imaginación y los esfuerzos más sostenidos".

Manet, el amigo del abad Hurel, aceptó este desafío: reinventar, y no restaurar, el arte sacro. Aunque compartiendo el anticlericalismo de Michelet, respetaba sin embargo los derechos imprescriptibles de la fe individual y la enseñanza de los Evangelios, que tradujo de una manera tan enérgica como sutil.

Del Prado al Alma

Tras el fracaso de sus cuadros en el Salón de 1865, el Cristo insultado por los soldados (Chicago, Art Institute) y Olympia, Manet se pone en camino hacia España, por primera vez.
Su meta principal, son los cuarenta Velázquez del Prado. La confrontación real con los maestros de la pintura española, el Greco y Goya incluidos, - sin hablar de las colecciones italianas de Madrid -, tendrá múltiples efectos. Ya en 1866, cuando el Pífano (1866, museo de Orsay) fue rechazado por el jurado del Salón, Zola apunta la sorprendente combinación de sobriedad y de energía que se desprende de los lienzos realizados, tras el regreso del pintor.

Edouard ManetEl torero muerto© courtesy National Gallery of Art, Washington
En lo que respecta a la dureza y la tensión dramáticas, El Hombre muerto (hacia 1864, Washington, National Gallery of Art) alcanza un pináculo inigualable. Se trata, además, del fragmento de una escena de corrida que Manet ha recortado, en torno a 1865.
Insatisfacción o voluntad de intensificar la potencia visual de los cuadros, la elección no es anodina, con respecto a los reproches continuos de la prensa. A falta de componer, como se espera de él, Manet descompone y redefine diferentemente la unidad de percepción.

Edouard ManetEl balcón© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Las promesas de un rostro

La fórmula es de Baudelaire, indica el juego del deseo y de la frustración que atraviesa la serie de retratos de Berthe Morisot, iniciada por El balcón en el Salón de 1869.
La joven procede de la mejor sociedad, en la que no se encuentra a gusto. También pintora, será un miembro activo del "grupo impresionista".
Morisot evocó, del siguiente modo, este cuadro inaugural: "Sus pinturas producen, como siempre, la impresión de una fruta salvaje, véase un poco verde. Están lejos de disgustarme".

Edouard ManetBerthe Morisot con ramillete violeta© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
El Balcón perturba, tanto por su espacio suspendido, sus contrastes de color, como por el misterio y el silencio obstinados de los tres protagonistas. Se ignoran y arrojan sobre el exterior una mirada desengañada o casi fatal.
Junto a Berthe Morisot, Manet ha representado a la violinista Fanny Claus y al paisajista Antoine Guillemet. Hasta 1874, año en el que se casa con uno de sus dos hermanos, el pintor flirtea con sus metamorfosis.

Edouard ManetEl Sena en Argenteuil© Private Collection, on extended loan to the Courtauld Gallery, London

Impresionismo atrapado

En mayo de 1874, Manet se mantuvo voluntariamente a distancia de la primera exposición de aquellos de los que una parte de la prensa se burlaría, tachándoles de impresionismo... Sin embargo, pasaba entonces por ser su "jefe", nombramiento del que algunos de sus amigos se van a apoderar, para fortalecer su autoridad.
Como en el caso de Mallarmé, con el que el pintor estrecha los vínculos, a partir de 1873. Esto no impide que el lenguaje de Manet haya evolucionado, desde el final de la guerra franco-prusiana y la Comuna, ambos acontecimientos que le afectaron muy de cerca.

Paleta más clara y escritura más vibrante. Sería un fallo explicar que se deben a la única influencia de sus amigos Monet y Renoir. Esta liberación cromática y formal ve la luz, a partir de la mitad de los años 1860, mediante sus marinas las más sobrias y que más se aproximan al mundo de Whistler. En lugar de adoptar la estética emergente, Manet la adaptará a sus objetivos, para los que el Salón – espacio público por excelencia - sigue siendo el lugar ideal.

Edouard ManetEn el père Lathuille© Collection du Musée des Beaux-Arts de Tournai, Belgique

El giro de 1879

El giro fue primero político, tras la elección de Jules Grévy. El Salón cambia de atmósfera sin demora.
Esta nueva situación va a precipitar la evolución de Manet, forma y fondo. En el Père Lathuille (Tournai, museo de Bellas Artes), que encantó a Huysmans en 1880, es ajena a la estética demostrativa de las novelas de Zola, que parecen haberle gustado mucho a Manet. Él, sin embargo, nunca ha pretendido opinar sobre las costumbres contemporáneas. Aunque, a pesar de ello, haya cultivado sus relaciones con el entorno del editor Charpentier, enriquecido por el éxito del Zola, hasta el punto de poder lanzar La Vie moderne.

Edouard ManetLa lectora© The Art Institute of Chicago
Es a la vez una revista ilustrada y una galería, ambas abiertas a la nueva pintura, Renoir, Monet y el propio Manet. En abril de 1880, éste último reunió allí cerca de veinte cuadros y pasteles.

Tanto como un balance, como lo demuestra el portrait de Constantin Guys [Retrato de Constantin Guys] (1879, colección privada) es una suerte de pequeño manifiesto.
La relevante presencia de escenas de cervecerías y cabarets, el gran número sobre todo de "mundanas" y de "demi-mondaines" (cortesanas) sorprendió a los contemporáneos: Manet se mostraba aquí "bajo una muy nueva luz, como pintor de mujeres elegantes." (Philippe Burty).
Pintura
Edouard ManetJarrón de peonías sobre pedestal© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt

Less is more

A pesar de ser bastante numerosos, una quinta parte de la totalidad de la obra, los bodegones no tuvieron para Manet el valor que se les atribuye hoy. Categorías, flexibles pero constantes, rigieron su producción, - el predominio del sentido, el impacto sobre la imaginación y el imperativo de la composición – y los mejores bodegones se hacen un hueco modesto, en el seno de esta jerarquía.

pintura
Edouard ManetEspárrago© Musée d'Orsay, dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
Su razón de ser fue primero material. Hasta que no se vendieron sus figuras, multiplicó las flores, la fruta y las "mesas puestas".

Más que el virtuosismo decorativo, homenaje directo a los maestros antiguos, o la sabrosa intrusión de lo accidental, la dramatización es lo que les salva de la banalidad.
En torno a 1880, encuadres y lienzos se estrechan. Depurado máximo, breve estallido de frescor en plena pasta. Las pequeñeces, que hacían sonreír al pintor, accedían a una plenitud sin parangón.

Edouard ManetLa Ejecución de Maximiliano© Museum of Fine Arts, Boston

¿El final de la historia?

Manet siempre ha actuado como un pintor de historia, primero por ambición, luego por preocupación de ceñirse a la actualidad política. La primera obra que presentó con su nombre, en 1860, es un retrato crítico de Émile Ollivier, publicado en Diogène, diario liberal y anticlerical que dirigía Ernest Adam.
Este amigo de la familia Manet nos recuerda que su entorno se encontraba en la oposición, bajo el Segundo Imperio.
No es pues de sorprender que Manet haya realizado, posteriormente, varios cuadros contestatarios, del Combate del Kearsarge (1865, Philadelphie, Museum of Art) a la Ejecución de Maximiliano (1867, Mannheim, Kuntshalle).

Edouard ManetLa Evasión de Rochefort© 2010 Kunsthaus Zürich.
La llegada de los radicales al poder, en 1879, le proporcionó un último brote de energía.
En cuanto se instaura el 14 de julio y la amnistía de los Comuneros, se decide a rendir homenaje a un "rojo". Lo que repercute Monet, en diciembre de 1880: "He visto a Manet, en bastante buen estado de salud, muy ocupado en su proyecto de cuadro a sensación para el Salón, la evasión de Rochefort en un bote en alta mar".

Destinado al Salón, el lienzo inacabado fue a la vez su Barca de Dante (Eugène Delacroix, 1822, museo del Louvre) y su Balsa de la Medusa (Théodore Géricault, 1819, museo del Louvre).