Musée d'Orsay: Picasso. Azul y rosa

Picasso. Azul y rosa

1

2

3

4

5

6

Pablo PicassoAutorretrato© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau © Succession Picasso 2018
Picasso. Azul y rosa
En 1900, con dieciocho años cumplidos, Pablo Ruiz, que pronto firmará Picasso, lo tiene todo para ser un joven prodigio.
Su producción se reparte entre los cuadros académicos, para justificarse ante su padre, profesor que deseaba para su hijo una carrera de funcionario, y obras más personales, en contacto con la vanguardia barcelonesa.

La pintura de salón es la que le lleva a París: encargado de representar a su país en la sección española de pinturas en la Exposición Universal, presenta un gran lienzo, Últimos momentos, que recubrirá en 1903 con su obra maestra La Vida.
Se abre entonces un periodo de intensa creación marcada por las idas y venidas del artista entre España y la capital francesa. Entre 1900 y 1906, la obra de Picasso pasa progresivamente de una rica paleta de colores con acentos prefauvistas, que tanto debe al postimpresionismo de Van Gogh como a Toulouse-Lautrec, a los cuasi monocromos del « periodo azul », luego a las tonalidades rosas del « periodo de los saltimbanquis », y a las variaciones ocre de Gósol.

Por primera vez en Francia, la presente exposición abarca los periodos « azul » y «r osa » en su continuidad, más que como una sucesión de episodios separados. Se pretende poner de relieve la primera identidad artística de Picasso y algunas de sus obsesiones, constantes en su creación.

Pablo PicassoAutorretrato con sombrero de copa© www.bridgemanimages.com © Succession Picasso 2018
« Las murallas más resistentes se abren a mi paso »
A su llegada a la estación de Orsay en octubre de 1900, Picasso se sumerge en la efervescente actualidad artística: descubre los cuadros de David y Delacroix, pero también los de Ingres, Daumier, Courbet, Manet y los impresionistas.
El joven pintor comparte con los artistas de su generación una profunda admiración por Van Gogh, como demuestra la transformación de su pintura en manchas de colores puros, meses después de esta primera estancia parisina.

Los autorretratos presentados conjuntamente en esta sala son reveladores de la forma en que el artista asimila y digiere las sucesivas influencias de los « maestros modernos »: en el verano de 1901, su Autorretrato con sombrero de copa rinde un último homenaje a Toulouse-Lautrec, a la vida nocturna y a los cabarets; en Yo Picasso, se presenta como nuevo mesías del arte: elegante, arrogante, provocador, rinde tributo a Van Gogh.

Siete meses más tarde, su Autorretrato azul remite de nuevo al pintor holandés, no tanto por su factura, sino por su postura, la de un genio incomprendido vestido de forma ridícula con una barba pelirroja. Su confrontación con el autorretrato que pinta a su regreso de Gósol en 1906 nos permite medir el camino recorrido por el artista en unos años. Picasso experimenta un nuevo lenguaje, limitando su paleta a tonos grises y rosas, reduciendo los rasgos de su rostro al óvalo de una máscara.

1

2

3

4

5

6


Aumentar la fuente Disminuir la fuente Enviar a un amigo Imprimir

Facebook
TwitterInstagramYouTube