Musée d'Orsay: Almas salvajes. El simbolismo en los países bálticos

Almas salvajes. El simbolismo en los países bálticos

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Nikolai TriikRetrato de Konrad Mägi© Photo Courtesy of the Art Museum of Estonia / Stanislav Stepashko
El Alma
Esta angustia, también la detectamos en los retratos, como el que hizo Triik de su amigo Konrad Mägi (1908). En el fondo, un cuadro colgado en el muro hace surgir una tonalidad azul pálido, inesperada en este entorno enfermizo, que sugiere la constante convivencia de la aflicción y la esperanza.
Mägi nos dejó además un curioso lienzo (Retrato de mujer) que presenta dos figuras femeninas dispares, reflejos alegóricos de toda una época que duda entre tristeza y euforia.

En 1911, Adornas Varnas pintó, en la misma vena, un "doble retrato" con, hombro a hombro, El pesimista y el optimista. Algunos retratos de Rozentāls o de Pēteris Krastinš (La italiana) poseen, por su lado, un aspecto decorativo que contrasta con el carácter enigmático de la mirada o de los gestos.
Rozentāls pero también Boleslas Buyko podían además representar personajes con cuerpos encorvados o inconfortablemente instalados, cuya cruda desnudez acentúa el malestar.

Tableau
Konrad MägiRetrato de joven noruega© Stanislav Stepashko
Los trastornos sociales y políticos del cambio al siglo XX, encarnados por la revolución de 1905, suscitaban, ciertamente, muchos interrogantes. En su lienzo El Pasado, en 1902-1903, Ferdynand Ruszczyc muestra un edificio austero y silencioso, que relega en cierto modo todo aquello relativo a tiempos antiguos al ámbito del mutismo y del inmovilismo.
En Mikalojus Konstantinas Čiurlionis, el pasado adopta los contornos de un gigantesco acantilado con aires de máscara primaria, de la que no sabemos si es terrorífica o cómica. El dolor, de Žmuidzinavičius, o la escena Junto a la cama del enfermo, de Peet Aren, traducen con intensidad los tormentos sufridos en esta época de aceleración de la historia que también vio nacer el psicoanálisis y el interés por las enfermedades del alma.

Los pequeños formatos coloridos de Kallis demuestran una sincera exaltación, cercana al frenesí pero que cede paso a veces a puestas en escena opresivas (Fiebre, 1917) que expresaban sin duda terrores relacionados con el conflicto que arrasaba entonces Europa.
Incluso la clásica vista de las orillas de una costa está amenazada en Čiurlionis por la irrupción de puntas negras y afiladas (Dolor I).

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