Musée d'Orsay: Joris-Karl Huysmans, crítico de arte De Degas a Grünewald, bajo los ojos de Francesco Vezzoli

Joris-Karl Huysmans, crítico de arte De Degas a Grünewald, bajo los ojos de Francesco Vezzoli

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Un espejo de doble cara

L'Apparition [La aparición]
 Acuarela
 Alt. 106; Anch. 72,2 cm.
 París, museo de Orsay, conservado en el departamento de Artes Gráficas del museo del Louvre
 Donación de Charles Hayem, 1898
 RF 2130
Gustave Moreau La aparición© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Jean-Gilles Berizzi
De Contra natura (1884) a Algunos (1889) se afirma el deseo de transgredir los límites que imponía el naturalismo militante de los años anteriores: Huysmans sustituye el materialismo fisiológico por un fisiologismo y un psicologismo, pesimistas, así como por un espiritualismo incipiente, que vincula con la obra de Gustave Moreau y de Odilon Redon y, posteriormente, con la de Grünewald.

La Aparición de Moreau que descubre en el Salón de 1876 fue una revelación. A lo largo de una genial relectura del Evangelio de Mateo, el tema de la insaciable Lujuria, en plena polémica impresionista, transmite el manifiesto de una pintura de la subjetividad y del misterio.

Pierre Puvis de ChavannesLas jóvenes al borde del mar© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
El imperativo de verdad, propio del naturalismo, persiste para Huysmans, interiorizándose. Pintar sinceramente el presente y abstraerse de él, no se ve como una contradicción. Aunque Des Esseintes, el héroe de la novela Contra natura, procure optar por un retiro que implica el retroceso de los pintores de la vida moderna, el realismo no es ajeno a la seducción que ejercen en Huysmans las Armonías de Whistler o los Desastres de Goya.

A este panteón alternativo, Redon, a partir de 1882, aporta la luz negra de una ensoñación sin límites.

Rojo.

La casa de Des Esseintes, imaginada por Huysmans en Contra natura inspiró uno de sus seguidores italianos, Gabriele D'Annunzio, hasta el punto de transponerla en su villa. El papel pintado fotográfico de esta sala evoca esta transposición arquitectónica. En medio de este mundo fantasmagórico surge otro personaje mítico de la novela recreada por Francesco Vezzoli, una tortuga cuya muerte simboliza el final de la utopía decadente.

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