Musée d'Orsay: ¡Todos coleccionistas!Carpeaux y Dalou editados por la casa Susse

¡Todos coleccionistas!
Carpeaux y Dalou editados por la casa Susse

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Los contratos de edición


Contrato entre Dalou y Susse Frères, 10 de mayo de 1899© Fonderie Susse
A finales de los años 1830, surge la necesidad de desarrollar la protección de las obras originales. Varios factores incitan en efecto a crear contratos de edición, evitando cualquier litigio: el desarrollo masivo de las fundiciones de edición, el invento de la máquina para reducir de Achille Collas, la voluntad de exclusividad de un modelo, en la edición, y la creación de un galardón que premiaba la exposición de los productos de la industria, a partir de 1839. Los fabricantes toman la iniciativa de regular el mercado incipiente de los bronces de arte: reducciones o copias de esculturas existentes, modelos creados específicamente por un escultor-modelador.

El primer contrato entre una editorial y un escultor se concluyó entre Susse y Cumberworth, en 1837. A partir de 1843, la casa competidora de Barbedienne firma un contrato con el escultor Rude. Anteriormente, el "certificado" se aparentaba a una mera cesión de los derechos del artista, en beneficio del editor.
A partir de 1839, la Reunión de los fabricantes de bronce propone modelos de formularios, con el fin de enmarcar mejor las colaboraciones entre artistas y fundidores. El contrato más extendido es la concesión con duración ilimitada, mediante la que el autor de un modelo, cede a un editor, a cambio de un importe de dinero, el derecho de fabricar y de vender los ejemplares de edición, durante un periodo determinado, generalmente de tres a cinco años.

Aimé Jules Dalou, Susse Frères (fundidor)La verdad desconocida n°1© RMN-Grand Palais (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Mutaciones en torno a 1900


Ante la evolución del gusto que se opera, a finales del siglo XIX - depuración del decorado bajo la influencia del japonismo y la condena del esteticismo burgués, al que se asimila la edición de esculturas - es toda la práctica de la edición que se transforma, en el umbral del siglo XX.
Intentando aproximarse de la "mano del artista", los editores limitan el número de las ediciones. Camille Claudel es una de las primeras en ver limitado el número de sus obras editadas.

Percibida como una prolongación de la obra original, la edición limitada rompe con la producción en masas, característica del siglo XIX. Deseando alejarse de las prácticas de la industria, algunos editores reanudan con la técnica de la cera perdida, que no permite la multiplicación de los ejemplares. Paralelamente a una constante modernización de los fondos de edición, a lo largo de todo el siglo XIX, se asiste a un acercamiento entre editores y artistas. La edición permite difundir las obras de artistas contemporáneos. Todas estas mutaciones conducen a que se aparte la fundición en arena, en beneficio de la cera perdida.

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