Musée d'Orsay: Picasso. Azul y rosa

Picasso. Azul y rosa

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Pablo PicassoEl Muchacho con caballo© Succession Picasso 2018 / Artists Rights Society (ARS), New York
Del rosa al ocre
A comienzos de 1906, la pintura de Ingres, a la que el Salón de Otoño de 1905 dedicó una retrospectiva, inspira a Picasso una gran composición que enseguida abandona, El abrevadero, del que procede directamente el Conductor de caballo, desnudo.
Un clasicismo naciente impregna entonces la producción del artista, mientras que el « periodo rosa » gira al ocre.

Estas tendencias se confirman con la estancia en Gósol entre mayo y agosto de 1906. Se opera en ese momento un encuentro singular entre su obra y el paisaje grandioso de ese pueblo aislado de los Pirineos catalanes.
En contacto con la escultura romana, y el arte ibérico – descubierto el invierno precedente en una exposición en el Louvre –, Picasso inicia un retorno a los orígenes, que acentúa todavía más su interés por la obra de Gauguin.

Con el transcurso de las semanas, vemos surgir, tanto en escultura como en pintura, fuertes simplificaciones de la forma y del espacio y se prefiguran y comienzan las revoluciones plásticas por venir. Con su autoridad intelectual y su apoyo financiero, Leo y Gertrude Stein favorecen y acompañan esta evolución en marcha.

Pablo PicassoMujer desnuda sobre fondo rojo© Succession Picasso 2018 © RMN-Grand Palais (musée de l'Orangerie) / Hervé Lewandowski
El gran giro
En Gósol, Picasso emprende una nueva vía que debe tanto a la influencia de la Antigüedad mediterránea como al recuerdo todavía tenaz de la pintura de Ingres.
Allí, en la soledad de ese verano compartido con su compañera Fernande, emprende una primera crítica de la evasión sensual de El baño turco (1862) repitiendo una serie de obras alrededor del tema del peinado.

De vuelta a París en otoño, el artista vuelve a centrarse en un análisis casi exclusivo del cuerpo femenino al que dedica numerosas obras caracterizadas por el abandono de los procedimientos ilusionistas a favor de un lenguaje expresivo: construye por articulación formas esenciales y limita la paleta cromática a los colores ocre.

La emergencia progresiva de este vocabulario inédito supone una primera aplicación de la lección de geometrización de los volúmenes de Cézanne.
De ese laboratorio de la obra picassiana, en el que la relación experimental que se establece entre pintura, escultura y grabado juega un papel determinante, salen en verano de 1907 Les Demoiselles d’Avignon (Nueva York, Museum of Modern Art), que abren el telón de la gran aventura cubista.

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