Cheminée

Adrien Dalpayrat
Cheminée
entre 1893 et 1894
grès émaillé, peuplier noirci
H. 300,0 ; L. 230,0 ; P. 50,0 cm.
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Jean Schormans
Adrien Dalpayrat (1844 - 1910)
Artwork not currently exhibited in the museum

El tema de la chimenea monumental, que sea funcional o únicamente decorativa, genera un singular interés de nuevo a fines del siglo XIX. De modo que, tan sólo en el Salón nacional de Bellas Artes de 1894 se contaron media docena. Fueron obras de escultores, como las de Jean Baffier o del Finlandés Ville Vallgren, de arquitectos como la de Léon Bénouville o también de ceramistas, como ésta. Adquirida por el Estado, para el Museo del Luxemburgo, fue realizada por Pierre-Adrien Dalpayrat y su socia Adèle Lesbros que, desde 1893, proporcionaba un apoyo económico a las costosas investigaciones del artista.
Para Dalpayrat, concebir una chimenea era ante todo la ocasión de aplicar, al ámbito de la cerámica arquitectónica, técnicas que habían contribuido a sentar su notoriedad. La del gres flameado por un lado, y sobre todo este famoso rojo cobre del que todos los ceramistas de la segunda mitad del siglo XIX han intentado apoderarse, en su búsqueda de la restitución del rojo mítico de los Chinos, llamado sangre de buey. Este se conocía desde la época en que Alexandre Brongniart, el director de la Manufactura de Sèvres, se había hecho enviar muestras de rojos, por un misionero, el padre Ly, en 1844.
En realidad el rojo Dalpayrat parece ser más una materia que un color. El color de base es generalmente un rojo sangre, debido al óxido de cobre, pero también puede ser un verde musgo, un ámbar o un gris plomo, o todo ello a la vez. De este modo la diversidad de la paleta podría dejar pensar en la utilización de numerosos óxidos específicos, generadores de tal o tal color. Pues no se trata de ello: coloraciones, flameadas o no, son el resultado de sutiles variaciones en las proporciones y la cocción de una fórmula cuya base se fundamenta solo en el cobre.