Garde-chasse arrêté près de ses chiens

Constant Troyon
Garde-chasse arrêté près de ses chiens
en 1854
huile sur toile
H. 117,0 ; L. 190,0 cm.
Legs d'Alfred Chauchard, 1909
© RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
Constant Troyon (1810 - 1865)
Rez-de-chaussée, Galerie Seine

A partir de sus comienzos en la carrera artística, Troyon se interesa por la pintura de paisajes y multiplica los estudios, en los bosques de Meudon, Compiègne o Saint-Cloud. Presenta sus primeras obras, todavía impregnadas por la enseñanza neoclásica, en el Salón de 1833. Su encuentro con el pintor Jules Dupré fue decisivo. Éste último alienta a Troyon para que trabaje al aire libre y le enseña a ver y apreciar las zonas caóticas del bosque de Fontainebleau, así como la estética de Théodore Rousseau, Camille Corot o Narcisse Diaz de la Peña. Aunque siguiendo fiel a sus amigos, Troyon se orienta sin embargo cada vez más hacia la pintura animalaria, gracias a la que tiene un importante éxito. Le gusta pintar a perros y desarrolla, en sus cuadros de caza, un talento de colorista excepcional.
Aquí, la composición del paisaje forestal - un camino huidizo entre los árboles hasta el horizonte – recuerda la pintura holandesa. Troyon conoce particularmente bien esta escuela, por haber visitado Países Bajos en 1847. Pero, más allá de esta herencia clásica, el artista no duda en operar un verdadero derrocamiento de la tradicional jerarquía de los géneros. La escena que representa en un lienzo de un formato bastante importante es de las más anodinas. Además, no es la figura humana que constituye el verdadero tema del cuadro, sino los perros colocados en el primer plano. El guardadaza viste una blusa oscura y su rostro está totalmente enmascarado por los bordes de su sombrero. Los cuatro perros al contrario levantan la cabeza y la luz de otoño se refleja en sus pelajes claros. Estos animales han sido pintados sin duda a partir del natural y Troyon entrega aquí verdaderos retratos de perros.