Hvile

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Vilhelm Hammershoi
Hvile
1905
huile sur toile
H. 49,5 ; L. 46,5 cm.
Achat avec participation de Philippe Meyer, 1996
© Musée d’Orsay, dist. GrandPalaisRmn / Patrice Schmidt
Vilhelm Hammershoi
Hvile
1905
huile sur toile
H. 49,5 ; L. 46,5 cm.
Achat avec participation de Philippe Meyer, 1996
© GrandPalaisRmn (musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda
Vilhelm Hammershoi
Hvile
1905
huile sur toile
H. 49,5 ; L. 46,5 cm.
Achat avec participation de Philippe Meyer, 1996
© GrandPalaisRmn (musée d'Orsay) / Martine Beck-Coppola
Vilhelm Hammershoi
Hvile
1905
huile sur toile
H. 49,5 ; L. 46,5 cm.
Achat avec participation de Philippe Meyer, 1996
© GrandPalaisRmn (musée d'Orsay) / Jean-Marc Anglès
Vilhelm Hammershoi (1864 - 1916)
Artwork not currently exhibited in the museum

¿Descendiente de Vermeer o precursor de Hopper? Hammershøi, pintor danés cuya notoriedad se afirma en los años 1880, es sin duda ambos. Tanto el intimismo minimalista de sus interiores, como la atmósfera confusa que se desprende de su aparente rigorismo, lo demuestran ampliamente.
Hammershøi, sin duda, inventó el retrato de espaldas, como ya existía el frontal o de perfil. Esta mujer sentada – de la que no podríamos decir si se trata de una criada o de una burguesa, ni tampoco adivinar lo que está haciendo – atrae por su indiferencia ante el que la contempla. Para este personaje silencioso utiliza una gama muy refinada de grises y de ámbar, que muestra la profunda sensibilidad del pintor por las atmósferas interiores.
La composición se realiza totalmente con ángulos rectos: las líneas de la silla, de los rodapiés, de la encimera, cuadriculan este elogio de la ausencia con una rigurosidad protestante. Pero sería un completo error pensar que este lienzo es una alegoría a la soledad o a la tragedia humana ya que el verdadero tema central es tal vez la nuca, la parte del cuerpo más indecente en el imaginario oriental. Así, esos escasos mechones sueltos, el desbotonado de la blusa que deja entrever la blancura de la espalda, en contrapunto con la copa en forma de flor colocada encima del mueble, constituyen los radicales antídotos a la tentación de una lectura simplemente puritana.

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